Un Estado debe cumplir varias actividades; debe cumplir con las normas establecidas, debe respetar la Constitución para convertirse en fuerte, democrático, constitucional, de servicio y de cumplimiento con el pueblo.


Un estado -para que sea reconocido internacionalmente, para que sea respetado y para que sea ejemplo para otras naciones- debe cumplir con la Constitución y debe respetar las libertades públicas y privadas.


Debe cumplir con la mayoría de la población, debe solventar sus necesidades, debe llegar a las grandes mayorías con obras y atención y debe luchar para mejorar la calidad de vida y evitar que existan tantas diferencias.


Una de las acciones para que un estado cumpla a cabalidad con su rol en la historia y con el pueblo es que sus instituciones, sus funciones sean cumplidas a cabalidad en base a las normas establecidas y favoreciendo siempre a los que menos tienen.


Así las cosas es importante analizar, como lo hacen los constitucionalistas, como lo hacen los conocedores, que debemos -todos- luchar por que se apliquen las normas establecidas; por que las funciones del estado cumplan su rol independientemente.


En este marco, uno de los poderes del Estado que debe ser ejemplo de cumplimiento, de equidad y justicia, precisamente es la función judicial, que debe estar integrada por los mejores profesionales, por lo mejores juristas, especialmente gente con principios y bases sólidas de equidad y justicia.


En este campo -lamentablemente- la justicia del Ecuador no ha cumplido con su rol histórico y ha estado -en varias ocasiones- al servicio de los intereses de los gobiernos de turno y de los intereses de los poderosos.


La justicia está integrada por hombres que la deben impartir y se ha podido establecer que muchos de esos hombres convertidos en jueces han estado subordinados a los intereses del régimen de turno, de regímenes que han coartado la libertad.


Se han dado muchos ejemplos de lo que hacen los hombres en nombre de la justicia, como que cinco jóvenes de una de las parroquias del cantón Latacunga, fueron acusados injustamente de la violación a una menor, sin que hayan tenido nada que ver en este hecho.


Ellos estuvieron lejos del lugar de los hechos, sin embargo fueron detenidos, fueron torturados, hasta que confiesen un crimen que nuca cometieron, fueron condenados a 12 años de prisión y siguieron los juicios correspondientes para buscar su libertad.


En base a las pruebas presentadas lograron que la justicia los ponga en libertad luego de haber pasado cuatro años tras las rejas, uno de ellos fue violado, sus vidas se tornaron un martirio; fueron sentenciados por hombres ‘convertidos’ en jueces.


Esos jueces no tomaron en cuenta las pruebas y los condenaron, ahora están siguiendo una acción legal para que reparen lo que les hicieron. Y los jueces, ¿bien gracias? (O)