Los problemas en el país -antes que ir solucionándose- se van agudizando; aparecen por donde menos se espera y van involucrando a personas e instituciones muy respetables y respetadas.

Y no solamente están los problemas en el ámbito de la administración pública, en el gobierno central, en algunas instituciones privadas, sino también en el campo del deporte y especialmente en el fútbol.

En esta disciplina deportiva, en la que el Ecuador ha logrado algunos éxitos internacionales, aunque no se ha posicionado en los mejores lugares del escalafón a nivel mundial, ha progresado significativamente.

Sin embargo, aunque se quiera decir lo contrario, en este deporte casi siempre ha estado rondando el criterio de asuntos turbios, de acuerdos bajo la mesa y de actuaciones que dejan muchas dudas, especialmente en el arbitraje.

Mientras que en el campo de la dirigencia se ha dicho y se ha mencionado de todo, desde hace muchos años se habla de situaciones medio dudosas, de resultados algo raros, de actuaciones comprometidas.

Ahora se habla de actos de corrupción, de acuerdos para alcanzar determinados resultados en partidos de fútbol. Se menciona a una persona, la de las denuncias, como un delincuente que está involucrando a dirigentes.

En la dirigencia del fútbol ecuatoriano se han presentado novedades mayores, a tal punto que su máximo dirigente fue condenado a 10 años de prisión, que actualmente los cumple en su domicilio.

Esta situación nos dejó sorprendidos, pero de eso no ha pasado, el titular en la cárcel y nada más; el resto de directivos nada han sabido, ni nada han conocido al especto, pero los hechos están claramente descubiertos como dolosos.

Ahora viene el caso de los supuestos sobornos, que se han arreglado partidos. Las investigaciones no deben tardar demasiado para conocer realmente lo que ha sucedido, es de esperarse que nada de lo dicho sea verdad.

Porque si es así estamos ante otro gran escándalo en el Ecuador, ahora en el deporte más desarrollado. Todos quienes están involucrados en esta disciplina -técnicos, dirigentes, jugadores, hinchas, periodistas y medios de comunicación- tienen parte en este entierro.

Y que no nos quedemos en las investigaciones que se demoran una eternidad, hasta que el aficionado, en este caso, ya no se acuerde. Si es necesario hay que destapar la olla de grillos y darnos un baño de verdad en este asunto, pues millones de aficionados no pueden ser burlados.

Como dicen en la política “caiga quien caiga, hasta las últimas consecuencias”. Todos esperan que así sea. Sanear el deporte es un gran aporte a la comunidad y luego exigir mejores niveles de respaldo del propio estado para todas las disciplinas. Mientras tanto en la FEF que se vayan todos, ¡todos!(O)

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