Lamentablemente en nuestro país hay áreas que no han merecido la atención de los gobiernos de turno, que no han recibido el respaldo necesario para desarrollarse de mejor manera, para identificarnos mejor a través de la investigación.


En este marco la ciencia –en nuestro país- no ha tenido la atención que muchos han esperado por años de años, cada vez se menciona que se ha restringido el presupuesto para dar prioridad a otras áreas.


La ciencia no está en los planes y proyectos de los gobiernos de turno, a pesar de que en las últimas décadas este principio ha cambiado en algo y de alguna manera se toma en cuenta ‘en algo’ a los procesos de investigación.


El Ecuador -en el concierto internacional- es uno de los países que menos recursos dedican a las actividades científicas; no hay verdaderas escuelas de investigación y de ciencia, de creación e invención.


En las últimas décadas, esfuerzos aislados, esfuerzos personales, de algunos maestros y de inquietos estudiantes han determinado la necesidad de buscar recursos para financiar grandes proyectos.


Mientras tanto que los centros superiores de educación han despertado de un largo letargo y se encuentran desarrollando algunos programas en el campo de la ciencia con apoyo interno, con sacrificios personales.


No tenemos grandes laboratorios, no tenemos elementos de investigación, no tenemos científicos que se dediquen a tempo completo a esa actividad; y si existen están en el exterior, están demostrando su capacidades en otros países.


El desarrollo de un país no solamente está marcado por su avance económico y social, está marcado además por sus condiciones, capacidad y resultados en los procesos de investigación. En el campo de la robótica se está avanzando a pasos seguros.


Crear, innovar, descubrir y entregar a la humanidad nuevos avances en los diversos campos de la ciencia es lo que se ha esperado, sin embargo se restringen los recursos económicos y no hay la apertura del caso.


Estos comentarios a propósito del 29 de mayo que en el Ecuador se celebra el Día de la Ciencia. Fecha que para la gran mayoría pasará desapercibida y que para un pequeño grupo de investigadores y científicos será para ratificar sus problemas y olvido de los poderes centrales.


El encargado del Mando Supremo de la República, Federico Páez, mediante decreto publicado en el Registro Oficial el 26 de mayo de 1935, decretó como el Día de la Ciencia el 29 de mayo de cada año.


Se estableció esta fecha por cuanto un 29 de mayo de 1736 llegó a Quito la Misión Científica de Francia, para medir un arco del meridiano terrestre del Ecuador al Polo Norte, para determinar la forma de la Tierra; misión en la que participó activamente el científico ecuatoriano Pedro Vicente Maldonado.(O)