En estos momentos tan especiales que estamos viviendo, todo se puede decir y se puede escuchar, no podemos librarnos de aquellas personas que se aprovechan de toda situación para criticar y ver todo lo malo, sin darse cuenta de que no todo dura para siempre y que en algún momento todo va a pasar.

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No debemos, bajo ninguna circunstancia, dar oídos a quienes lo único que buscan es la anarquía, que las cosas sigan de mal en peor, cuando la gran mayoría entendemos que hay personas con acciones positivas, con criterios efectivos y con carácter emprendedor para salir adelante y encontrar los caminos de la superación.

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Es bueno leer, escuchar y analizar palabras sabias expresadas por grandes seres humanos que saliendo desde las entrañas del verdadero pueblo, se elevaron para ser grandes y admirados a través de las décadas por sus acciones y sus obras en favor de las grandes mayorías.

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Uno de esos casos es el del gran Benito Juárez, expresidente de México, hombre del pueblo que dejó para la posteridad obras y acciones que aún se recuerdan por parte de los habitantes de ese gran país hermano y que dejó algunas sentencias verdaderas.

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Juárez dijo “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”; suficiente para entender que no es hora de los discursos, de la palabrería; que es el momento de acciones sinceras y actuaciones en favor de los demás.

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Esas acciones, además, deben estar enmarcadas en las normas establecidas por la constitución, las leyes, los acuerdos y  los reglamentos, hay que cumplirlos para bien de los demás, y no cumplirlos dolosamente para bien de determinadas personas.

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Es un verdadero acto de lesa humanidad que en plena crisis, que en plena pandemia mundial, existan personas buscando los caminos para llevarse la plata del pueblo que se necesita más que nunca; deben en realidad ser sancionados con el más alto rigor de la Ley.

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También debemos expresar nuestro agradecimiento más elevado a aquellas personas que se juegan la vida a cada momento, para atender a sus hermanos en los hospitales y los centros de salud, a aquellas personas que demuestran en realidad su formación profesional y sus principios nobles y de solidaridad.

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Son los médicos, las enfermeras, los profesionales, los técnicos y todos quienes el día y la noche están trabajando sin horario, muchas veces sin comer, para atender a quienes han sido contagiados por el coronavirus, para buscar salvarlos de este mal mortal.

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No debemos desconocer que se  han pronunciado sectores  de la banca entregando significativas donaciones, es importante para adquirir material para el tratamiento de los contagiados, esas acciones dicen mucho y quedan como ejemplo para los demás.

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La solidaridad -más que nunca- debe estar a flor de piel, debe demostrarse en todos los actos, debe permitirnos encaminar recursos para enfrentar esta pandemia; los presupuestos de organismos seccionales, de instituciones públicas y privadas, deben ser reformados para destinarlos a la lucha contra la pandemia que nos afecta.

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Mientras tanto hay  personas que no tienen las condiciones para realizar alguna donación, pero se entregan en cuerpo y alma para ayudar y atender  a los demás sin importar tiempo ni horario, esa también es una gran donación que no tiene precio. Y todo para que todos salgamos de esta grave situación, dejando de lado a los enemigos y a los negativos.(O)