Uno de los héroes de la época libertaria de nuestro país y de lo que pudo haber sido la Gran Colombia, se encuentra casi olvidado en la historia de nuestros pueblos, no ha encontrado los espacios adecuados para rescatar una vida llena de valor, entrega total, inteligencia y desprendimiento


Contribuyó, con sus cualidades, capacidades y poder organizativo, a enfrentar al enemigo en varias batallas de las que salió triunfante y desde muy joven se distinguió en el campo de guerra por sus valentía y predisposición para enfrentar la adversidad.


Es el Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, el gran estratega militar de la época de la Independencia, que fue asesinado cobardemente en la selva de Berruecos, privando al país de un hombre de extraordinarias cualidades.


El Gobierno Nacional declaró el 3 de febrero de cada año fecha Cívica para conmemorar el natalicio del Mariscal de Ayacucho, que ofrendó su vida por la causa de la libertad, que demostró el aporte que pueden dar los hombres a las causas más nobles.


Militar desde los 13 años, el mariscal Antonio José de Sucre fue ya a los 15 años subteniente de milicias de infantería en Cumaná en 1810, cuna de su nacimiento; demostrando desde temprana edad su patriotismo y valor.


Su espíritu se elevó como revolucionario, reformista, liberal y hombre de pensamiento y acción, constituyéndose en ejemplo de civismo, lealtad y amor por América, a la que quería libre del yugo.


Fue estratega de la independencia y conductor de ejércitos; sus hazañas -reconocidas por la historia- pulsan una realidad de desprendimiento y realizaciones homéricas, en bien de las sociedades que libertó con su espada.


Como presidente de Bolivia demostró ser estadista e ideólogo de profundas raíces constitucionalistas, lo cual reconoció Bolívar por su visión programática. Sucre orientó y selló con la Batalla del Pichincha la independencia del Ecuador, el 24 de mayo de 1822.


El pensamiento de Antonio José de Sucre estuvo siempre junto a la sociedad necesitada de educación, justicia y libertad. Movió todos los resortes posibles con el propósito de afianzar la cultura de los pueblos para su engrandecimiento.


El crimen de Berruecos, infamia para América. Cuatro cerebros negros que planearon y operaron el asesinato, son buitres despreciables que nunca tuvieron perdón. Dilucidada la muerte, poco les duró el burbujeo de sus vidas e intereses.


El destino y la justicia fueron implacables y sus gestos espectros espirituales. Asesinar al más grande hombre que nos dio la libertad es odiar y carcomer las entrañas de América y extinguir las mejores virtudes de los pueblos.


A raíz del triunfo de Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar le escribió “usted, créame General, nadie ama la gloria de Ud… tanto como yo; jamás un jefe ha tributado más gloria a un subalterno. Ahora mismo se está imprimiendo una relación de la vida de Ud… hecha por mí, cumpliendo con mi conciencia le doy a Ud… cuanto merece”.(O)