Si consideramos que la Asamblea Nacional -siendo parte de los poderes del Estado- está integrada por ciudadanos que fueron elegidos por mayoría de votos en cada una de sus provincias, es la máxima representación democrática.


Si la composición de la Asamblea Nacional nos permite establecer que está representada la mayoría de las tendencias políticas ideológicas del país, entendemos que el análisis de tesis políticas debe ser profundo y serio.


Si este organismo del Estado está representado por ciudadanos de las más diversas tendencias y representan a la mayoría del pueblo, la lógica respuesta es que la aprobación de leyes y otras normas deben estar vinculadas al pueblo.


Deberían ser normas legales que son parte de las necesidades que tiene el mayor número de los habitantes de este país; deben aprobarse leyes que satisfagan las expectativas de los más amplios sectores populares.


Los miembros de la Asamblea -en su totalidad- deberían sintonizar las necesidades de la mayoría de ecuatorianos y actuar con una verdadera orientación a favor de los sectores de menores recursos, los desposeídos y olvidados.


La Asamblea, según la doctrina, es la más alta representación del pueblo, son miembros quienes en cada una de sus provincias alcanzaron el triunfo electoral en base a sus propuestas, en base a sus compromisos.


A la hora de la verdad, no pasa nada. Hay legisladores o asambleístas que actúan a favor de determinados grupos, que actúan para defender los intereses de determinados sectores, que actúan en contra de lo que dice el pueblo en general.


Hay asambleístas que están para ‘guardar las espaldas’ de quienes han usufructuado del dinero del pueblo, del dinero del Estado y cuentan con muchos bienes en el país y fuera de él.


La semana anterior se produjeron algunas manifestaciones en la Asamblea, que han llamado la atención y han sido rechazadas por una gran mayoría de ecuatorianos y nos dicen -los asambleístas- que “están legislando a favor del pueblo”.


Claramente se puede entender que quienes dicen ser opuestos, políticamente ‘enemigos’, que antes estuvieron juntos y ahora son rivales políticos e ideológicos, sin ningún rubor se juntan para defender a quienes saquearon el país y se apoderaron de grandes bienes.


Mientras tantos amplios sectores que aún creían en la Asamblea y sus miembros, sintieron una nueva gran decepción, no actuaron con dignidad, no actuaron con sentido de las mayorías y los pícaros fueron los beneficiados de esas resoluciones.


Entonces nos preguntamos, hasta cuándo. Parece que en el Ecuador estamos muy lejos de contar con asambleístas con grandes condiciones y especialmente con dignidad y honradez a toda prueba y por sobre todo con sentido común, sin amos a quienes servir.(O)