Miles y miles de afiliados al Seguro Social y miles y miles de personas con alguna enfermedad, necesitan imperiosamente de medicinas para llevar adelante un tratamiento que les permita superar sus dolencias.


Los medicamentos deben ser el primer insumo de los centros de salud, hospitales del sistema de salud del país y entre ellos los hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.


Los afiliados, luego de aportar 40 años parte de su sueldo para recibir el servicio medico del IESS, se sienten engañados y traicionados por esta institución que por años se convirtió en la caja chica de los gobiernos de turno.


Esa es la realidad, no solamente que se convirtió en la caja chica, sino que además se saquearon los fondos de los cientos de miles de afiliados, dineros que se llevaron los pícaros de siempre y nunca podrán ser recuperados.


Así son las cosas, aunque hay personas que tratan de justificar estos y otros atracos; mientras la justicia sigue investiga que investiga y nunca caen los peces gordos; los afiliados mientras tanto reclaman, pero nadie les hace caso.


Si el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social es de los afiliados, en la práctica el que administra esa institución es el gobierno de turno y dentro de ese gobierno, ‘los más vivos, los más avispados’.


En los últimos meses uno de los más graves problemas que viven los afiliados es la falta de medicinas, es un verdadero crimen, dejar sin medicamentos a quienes padecen enfermedades catastróficas, va en contra de todo principio de los Derechos Humanos.


Y no solamente eso, sino que se gastan más de siete millones de dólares en esas medicinas que enseguida se caducan en las bodegas de uno de los hospitales del IESS en Quito, así lo reconocieron las propias autoridades.


Las autoridades del IESS, para defenderse, señalan que son las farmacéuticas que controlan el mercado y que no cumplen con los contratos, muchas de estas empresas, señalan, no tienen los medicamentos y tienen que importarlos.


Bonita justificación, es lógico entender que cuando firmaron el contrato sabían lo que debían hacer y con tiempo debieron importar y no esperar que no exista abastecimiento para venir a quejarse, dijo un contertulio.


Además las autoridades del mismo IESS aceptan que hay desabastecimiento; también señalan que la corrupción estuvo en todas las áreas del hospital Carlos Andrade Marín, desde los gerentes hasta los administrativos y varios médicos.


Es decir, para ‘varear’ la corrupción está en todas partes y no es de ahora, como tratan de hacer aparecer ciertos borregos, se habla de 2012 a 2018; pero lo que más llama la atención es que nadie ha sido sancionado, nadie está preso, ni ha devuelto los recursos; como siempre sucede, cuando se trata de corrupción.(O)