Qué lamentable es confirmar -una vez más- que en nuestro país no solamente estamos azotados por la pandemia del coronavirus, sino además por la pandemia de la corrupción que se  ha regado en casi todos los espacios del Ecuador.

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Sí, esa es la verdad, entonces no se entiende cómo es  posible que en plena emergencia sanitaria, en plena crisis, existan personas y funcionarios públicos que han dado rienda suelta a sus bajos instintos delincuenciales y se aprovechan de esta situación.

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Ha causado -más que sorpresa- estupor saber que en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social hay funcionarios, algunos nombrados en la década desperdiciada y en este régimen, que han cometido una serie de irregularidades con la finalidad de asegurarse millones de dólares.

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Se quieren llevar millones de dólares en plena emergencia sanitaria, millones de dólares en plena pandemia, cuando más se necesitan recursos para adquirir elementos médicos y demás artículos para beneficiar a miles y miles de personas.

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Esta  actitud demuestra que esa gente no tiene conciencia, no tiene escrúpulos, no sabe de ética, de moral y los más elementales principios de honradez, lo que desnuda una realidad que tiene que ver con procesos de decencia y educación.

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Hace varios días se denunció que en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social se estaba fraguando una estafa de alto nivel, se cumplía un proceso de compras públicas de mascarillas con un gran sobreprecio por millones de dólares.

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Se hicieron las denuncias, se informó a la Fiscalía, por esta razón debió dejar el cargo el director del Consejo Directivo del IESS, funcionario colocado en ese cargo en  este régimen; sobre este negociado no se ha conocido nada más, seguramente están  en las investigaciones.

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Las cosas no quedaron ahí, pues en uno de los hospitales de una de las ciudades del sector de la Costa se adquirieron alfombras, en plena crisis, cuando más se necesitaban mascarillas y otros elementos, así como equipos médicos.

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Pero estos casos, aunque parezca mentira, siguieron el camino de la corrupción. Se habla del allanamiento de algunas oficinas y las viviendas de funcionarios del hospital de Los Ceibos en Guayaquil, en el que estaba por concretarse otro acto de corrupción en la compra, con altísimo sobreprecio, de fundas para colocar los cadáveres.

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El sobreprecio, igual alcanzaba millones de dólares, se iniciaron los allanamientos, se detuvo a varias personas y ahora se iniciarán las investigaciones, que como nos dicen en estos casos, son reservadas y consecuentemente durarán meses y meses.

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Es increíble que en un país en el que se vive, como no ha sucedido en otros países, una emergencia sanitaria por la pandemia, en un país que vive una grave crisis financiera, existan personas que se aprovechan de las circunstancias para provecho propio y de su grupo.

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Esta situación nos deja muchas enseñanzas, como que la corrupción en el Ecuador está a la par que la pandemia, que los valores humanos se han perdido en un sector de la comunidad y que es necesario actuar con mano dura, si es necesario hay que reformar las leyes para que la justicia pueda actuar de forma urgente y rápida para sancionar a estos delincuentes.(O)