Sin duda las últimas reformas aprobadas por la Asamblea Nacional han provocado una serie de reacciones y duras críticas a un buen número de asambleístas que no han actuado con sindéresis; no han actuado de acuerdo a su discurso y a sus ofrecimientos.


Las resoluciones que se concretaron en la Asamblea están muy lejos de satisfacer la demanda de la mayoría de ecuatorianos; hay sectores que se han sentido verdaderamente traicionados.


Pues muchos asambleístas y organizaciones políticas se comprometieron a aprobar determinadas normas legales, y a la hora de la verdad dieron pie atrás, y en algunos casos prefirieron irse de vacaciones.


Y lo que es peor, dicen muchos ecuatorianos, miembros de diversos colectivos, hay asambleístas que se fueron de vacaciones y justificaron diciendo que fueron a atender una cita médica; “además de traicioneros son mentirosos”, explicaron.


Así están las cosas, lo que demuestra -según las encuestas y análisis que se hacen- que la Asamblea Nacional se encuentra en uno de los niveles más bajos de aprobación por parte de la población, la gran mayoría rechaza la actuación de ese poder del Estado.


Diariamente se escucha lo que piensan muchos colectivos, organizaciones sociales, empresariales, de trabajo, gente vinculada a sectores académicos, profesionales y demás, contra todo eso se ha ido una mayoría de asambleístas.


Parece que esos asambleístas no están ‘sintonizados con el pueblo’, están en otra sintonía, tienen otros compromisos o se dejan influenciar por grupos de poder que no aceptan los cambios y mientras les beneficie, que las cosas queden como están.


Mientras tanto, dicen muchos ciudadanos, los asambleístas de lo mejor, de lo más lindo, no se pierden las fiestas, están en todos lados, diciendo que son los representantes del pueblo, pero la realidad nos demuestra que votan a espaldas de ese pueblo al que dicen defender.


Es más, dicen que están trabajando a favor de las mayorías; en los últimos días han aparecido en varios medios de información tratando de explicar lo sucedido en la Asamblea Nacional, con la aprobación de varias normas.


El pueblo lo que quiere es que los ladrones de cuello blanco y los demás, quienes se robaron los bienes del Estado, quienes acabaron con la riqueza del país, paguen con los bienes que deben ser incautados. Eso no quisieron muchos asambleístas.


En el caso del aborto, la cuestión es más compleja. No es un asunto religioso, dijo un constitucionalista, lo que sucede va más allá, niñas embarazadas son tratadas como personas mayores, como ‘señoras’, el bebé que va a nacer parecerá su juguete.


Es complejo el asunto, pero para aprobar determinadas normas y leyes, se juntan correístas y morenistas y no dejan que se aprueben normas que exige el pueblo, esa unidad nos hace pensar que muchas cosas en el país no pasarán; así dijo un contertulio del parque.(O)