Aunque mucha gente señala que es llover sobre mojado, la situación del Ecuador respecto de uno de lo más grandes males de la historia -la corrupción- sigue siendo motivo de los más diversos comentarios.


De este tema, impregnado en nuestra sociedad desde hace décadas, se habla todos los días, en los medios, en las redes sociales, de comunicación, en los sitios de reunión, entre amigos y en la familia en general.


De este tema se habla y se analiza -todos los días- en la función judicial, en la corte nacional, en las cortes provinciales, en los juzgados, en el foro en general; es un asunto que ha llenado los espacios de los medios de comunicación como no ha sucedido antes.


Se habla ‘a cada rato’, pero de eso no pasamos, los resultados no se ven por ninguna parte, el pueblo quiere resultados, el pueblo quiere saber de los millones y millones de dólares que se robaron y que deben ser recaudados.


Prisión preventiva para tal o cual ciudadano, medidas cautelares para tal exfuncionario, grillete para el asesor del funcionario de alto nivel, pero de eso no pasamos, son solamente amenazas y nada más.


Se detiene a determinado exfuncionario, a determinado político de alto rango, para investigaciones previas y de eso no pasamos, pasan los meses y quienes fueron detenidos para investigaciones salen en libertad y enseguida se van a esconder.


Los jueces y las autoridades saben que quienes quedan en libertad a cambio de medidas cautelares, lo primero que hacen es salir del país y ‘quedar a buen recaudo’ para que nadie les moleste.


Las personas que son investigadas y los políticos de otros gobiernos -cuando llega la justicia para investigarlos- enseguida salen con que se trata de ‘persecución política’, todos son santos, son inocentes y lo que es más, con una dignidad a toda prueba.


Se habla, en los círculos políticos, en los círculos económicos y en los medios de comunicación que con lo que el gobierno pueda recaudar, de lo que se robaron en la década desperdiciada, sería suficiente para financiar el presupuesto general del Estado.


Pero nada se hace; son miles de millones de dólares, suficientes para pagar casi la totalidad de la deuda externa, pero en la realidad no aparece un solo centavo de esos recursos, que a la larga son del pueblo ecuatoriano, que a la postre es el que paga los platos rotos.


El pueblo, a la hora de la verdad, no sabe, no conoce, porqué no se recaudan los recursos que se robaron en una década, no conoce que esos recursos seguramente estarán en paraísos fiscales o estarán en la casa de alguno de los testaferros.


La verdad es que el pueblo ya se ha cansado de oír y escuchar que las investigaciones siguen, que las investigaciones no han concluido, que esas investigaciones son reservadas y mucho más. Ante esta realidad la reacción del pueblo no se hace esperar y mañana nos estamos quejando. Hay que investigar a los que están investigando.(O)