En el calendario cívico, histórico, social y demás, en nuestro país existen fechas que son importantes, que reconocen la labor de ciertas profesiones o actividades que casi pasan desapercibidas, pero que están presentes en el convivir diario, especialmente de los niños.


Una de esas fechas se recuerda precisamente hoy, que es el Día del Payaso, profesión de las más importantes en la historia de la humanidad y que está ligada a la alegría, al color y especialmente al disfrute de los pequeños.


Hace varios años se hizo público un comunicado de una de las asociaciones de payasos que señalaba la falta de respeto que significa que los basureros en oficinas o negocios privados tengan la cara de un payaso.


En realidad son seres humanos que merecen todo nuestro respeto y admiración; son seres humanos que a pesar de los problemas, sus angustias y necesidades, hacen reír a los demás; sacan una sonrisa a los niños, aunque por dentro se encuentren con graves inconvenientes.


El payaso -a través de la historia- se ha constituido en seres magistrales y maravillosos; ahí estuvieron para complacer y hacer reír a los monarcas, a las tropas de muchos ejércitos y especialmente a los niños alrededor del mundo.


Han sido admirados por poetas, escritores y músicos, hay canciones famosas interpretadas por reconocidos cantantes que hablan del payaso, ese ser humano, solidario y lleno de grandes atributos.


El payaso también tiene su día y se celebra el 9 de diciembre de todos los años, por su atractiva personalidad, grotescamente ataviada que divierte a la gente en ciudades, callejas, barrios, casas, en los circos, produciendo alegría en niños, jóvenes y adultos mayores.


El payaso en sus diversas manifestaciones artísticas derrocha humor, comicidad, burlas ingeniosas y da sano placer con contenidos de gracia e ingenio, contrastes con los cuales las personas salen de la tristeza y la melancolía o de aquellos rostros enigmáticos que demuestran optimismo moderado o pesimismo alegre.


El payaso nos hace reír, pero en el fondo se perfila melancólico, siente dolor. Su guiño externo disimula, es una especie de Quijote tierno. El payaso planea su trabajo a conciencia, actúa y habla valiéndose del esguince de su alma.


El dolor interior del payaso es valor trascendental, es contraste de risa y algún modo de exorcizar las angustias y las melancolías. La risa calma los nervios, el dolor se adormece con un colorante psicológico y se afirma al encender la risa, instruyéndola.


El trabajo artístico influye en la vida de quienes sienten y saben que es descanso para la fatiga, luz para la iniciativa del niño, enriquecimiento espiritual, sol para la tristeza y el mejor antídoto contra las preocupaciones.


El payaso en sus actividades está preocupado por satisfacer al público, a los niños, entonces apela a la ruptura del sistema, cuando logra romper el sistema aparece la risa o la sonrisa y cumple su objetivo. El payaso es un ser extraordinario al que siempre admiramos y esperamos que alcance el lugar que le corresponde entre la comunidad y los grandes artistas.(O)