En el Ecuador la situación administrativa del nuevo régimen no es para nada satisfactoria en un camino lleno de rosas, no señores. La situación es complicada, pues el asunto de coimas ha llegado a niveles insospechados.

Ha existido una desestabilización en algunos  sectores del estado ecuatoriano, no decimos para nada del gobierno nacional, una desestabilización producto de sobornos, coimas y mucho más que está por destaparse.

Lo de Odebrecht, como ya se anunciaba desde hace meses, será un escándalo que involucrará a los que menos nos imaginamos, así se decía en los corrillos administrativos y políticos.

Llegaron los nombres y las cosas se cumplieron como se había dicho. Nada más ni nada menos que el Contralor General del Estado  es involucrado en actos de corrupción y de soborno, su vivienda es allanada y el enfermo salió antes del país.

En todo país, en toda democracia, en toda organización del estado, el Contralor es un funcionario del más alto nivel, que debe tener como principio básico la honradez, debe tener como principio elemental, como parte de su formación la ética, la  moral y las manos limpias.

Y la cosa no ha sido así. Hay otro exministro involucrado en actos de corrupción  derivados del escándalo internacional de Odebrecht. Y las cosas no quedan ahí, el propio presidente de la República ha señalado que hay más nombres que están involucrados y se conocerán poco a poco.

Y no solamente es el escándalo sino también las manifestaciones de poder, de intereses, de pugna, de caos en la Contraloría General del Estado; dos personas que se disputan la subrogación oficial de esa dependencia de alto nivel.

Hemos llegado a lo más bajo. Uno de  ellos rompiendo los documentos en los que se establecía su renuncia o algún otro documento, la acción de personal o lo que sea.  Al mejor estilo de Correa agarró el documento y lo rompió. Y alguien grabó.

La disputa  está cada vez al más alto nivel y aparece una ministra de estado reconociendo a uno de las personas en disputa. No debería -una ministra de estado- inmiscuirse en otra función del estado; hay que respetar las instancias de un régimen.

Un triste y lamentable espectáculo el que nos  están brindando. Algunos ecuatorianos señalan que esa disputa tiene motivos poderosos, pues de lo que se trata es de la Contraloría, de documentos secretos  y de resoluciones especiales.

La situación no queda ahí, hay mucha tela que cortar. Son poderosos intereses   los que se están jugando, nosotros -comunes  ecuatorianos- no alcanzamos a entender lo que sucede en los más altos niveles y por qué las pugnas tan groseras.

Lo de Odebrecht se ha convertido en un escándalo que tiene a todo el país en vilo; el vicepresidente  cuestionado por su tío involucrado hasta la médula, según han dicho los  ecuatorianos que esperan que algún día todo se aclare y se sancione de verdad a los grandes culpables.(O)

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