Pasadas las celebraciones de Navidad, entramos a las horas finales del año 2017 y lógicamente se inician los procesos de evaluación de lo que ha sido este año en varios campos del convivir ciudadano.

Existen muchos temas que deben entrar al análisis y evaluación; entre esos temas los más trascendentes son los que tienen relación con los actos de corrupción que se han presentado en este país, especialmente en la década del expresidente Correa.

En el ámbito de la corrupción no hay que dejar de lado lo sucedido con el vicepresidente de la República, quien se encuentra sentenciado a seis años de cárcel por el delito de asociación ilícita.

No hay que descuidar que en este tema -el de la corrupción- hay mucha tela por cortar, hay otros delitos que deberán ser investigados por la Fiscalía para encontrar a los culpables, encubridores y autores intelectuales.

Sin embargo, el país tiene otros temas que son preocupantes para todos los ecuatorianos y tienen que ver con los accidentes de tránsito, que han dejado un reguero de muertes y heridos por miles.

Y en este campo es nuestra provincia, Cotopaxi, la que reporta un alto índice de accidentes de tránsito y de fallecidos; nuestras carreteras se han teñido de sangre y miles de familias han quedado muy afectadas.

Sobre los accidentes de tránsito mucho se ha dicho, mucho se debate; sin embargo no se encuentran los caminos adecuados para rebajar esos altos índices; los accidentes siguen siendo el pan del día.

Las autoridades, los gobiernos seccionales y la Policía Nacional, realizan tareas de prevención para evitar más accidentes, pero los resultados no son los que se esperan, los accidentes no dan abasto.

Se habla de grandes campañas, se habla de señalización, se habla de semaforización, se habla de control permanente; sin embargo los accidentes son la noticia de todos los días; muertos y heridos que son tragedias y no solo números.

Una de las tareas más importantes es que las autoridades busquen acciones para concienciar a la población, el sistema educativo debe ser el centro de estas acciones para crear una cultura de respeto a las normas de tránsito.

Los niños y jóvenes deben ser formados para respetar las normas de tránsito, para cumplir las disposiciones y para que comprendan que los accidentes son hechos que marcan a las familias en general.

Los procesos de educación, de formación a niños y jóvenes deben estar en los pénsum de estudios, deben ser factores transversales para que permanentemente se hable de este grave problema y las consecuencias que deja, como dolor, angustia y desesperación. Esperemos que el nuevo año nos deje la satisfacción de evitar al máximo los accidentes de tránsito.(O)

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