En el Ecuador la mayoría de la población habla, todos los días, sobre la corrupción, unos desde el punto de vista político, otros desde el punto de vista administrativo, otros por asuntos de información y en la mayoría para saber lo que sucede a nivel nacional.

Según el diccionario de la  Real Academia Española, la corrupción es la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). Entonces podemos darnos cuenta de que la cuestión es grave y nos puede afectar a todos.

La corrupción es la práctica y consiste en hacer uso del poder, de funciones o de medios para sacar provecho económico o de otra índole. Se entiende como corrupción política el mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima.

Entonces la corrupción puede estar a la vuelta de la esquina, puede estar en nuestro trabajo, en la institución, entre nuestros  conocidos, en la empresa, en la industria, en el  despacho, en el taller, en la oficina, en el hogar, en el poder público y en el poder político.

Ante esta situación podemos decir que nuestro país ‘goza de una robusta corrupción’, pues la encontramos en casi todas partes o nos enteramos de hechos que tienen relación a actitudes corruptas que se quieren ocultar en la familia o entre amigos.

Se comenta permanentemente entre los amigos, en la comunidad, en la sociedad, que se han perdido los valores, que se están perdiendo los valores, que la dignidad, la honradez la pulcritud, el respeto, la consideración se van perdiendo a pasos agigantados.

Cuando se habla de este grave problema, muchas veces se regresa a ver al sistema educativo, se menciona que hace varios años se suspendió en la malla curricular la cívica, la ética, la moral; entonces qué podemos esperar de una niñez y juventud que no sabe ni conoce de estos valores.

En el sistema educativo está la base para el adelanto de los pueblos, lamentablemente en nuestro país, a pesar de las  inversiones y los cambios que se han operado, falta mucho por hacer en asuntos como la corrupción, la honradez, el respeto, la disciplina y demás.

Si los niños y jóvenes no saben lo que es dignidad, disciplina, si no saben cómo combatir la corrupción, lamentablemente muy poco podemos esperar de las generaciones venideras, salvo -claro está- de algunas personas de una debida formación.

En nuestro país todos los días se habla de corrupción, en otros países igual se habla de corrupción; es decir, estamos ahogándonos en corrupción, estamos expuestos en cualquier momento que a nuestro alrededor se produzcan hecho y acontecimientos relacionados a la corrupción.

Personas que en cualquier momento no tienen ningún empacho en hablar mal de los demás, no tienen ningún cuidado para acusar a los demás sin ningún fundamento, personas que se sienten calificadas para descalificar al resto, cuando son ellos los descalificados, dice un contertulio.

Esa es lamentablemente nuestra realidad; personas que públicamente insultan a los demás, es un acto de corrupción, pues la honra ajena, la dignidad ajena es lo primero que debemos defender. Ante esta realidad parece que tenemos corrupción para rato.(o)

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