Para la gran mayoría es conocido que nosotros vivimos en una zona de riesgo y en consecuencia debemos aprender a convivir con los más diversos riesgos naturales y los que podrían ser provocados por el ser humano.

Desde hace mucho tiempo, desde hace más de un siglo -según los historiadores- esta zona en la que se asienta Latacunga ha sufrido los impactos de la naturaleza, ha sido golpeada por los embates de la naturaleza.

Han sido temblores, terremotos, erupciones volcánicas y más. A pesar de estos graves riesgos Latacunga sigue en el mismo sitio de siempre y cada vez alcanza más crecimiento, aunque de forma desordenada por la falta de visión de quienes han ejercido las funciones de administradores de la urbe.

De todas formas lo que debemos hacer, de manera conjunta, arrimando todos el hombro, es enseñar a vivir con el riesgo, con la posibilidad de que se presenten eventos adversos que pueden afectar a la población.

Y a pesar de que cada vez que hay un simulacro o existe la posibilidad de un evento natural adverso se habla de un proceso de capacitación, no se ha logrado mayor cosa, pues una cosa es una capacitación y otra una formación.

Y en este campo es importante considerar que el sector educativo es el que más tiene que ver. Son los niños y jóvenes los que deben ser formados adecuadamente ante estos eventos adversos, qué tienen que hacer y cómo tienen que actuar.

Se ha señalado en más de una ocasión que en la malla curricular debería haber una asignatura transversal que trate el tema de los riegos, de los eventos adversos, de los terremotos, de las erupciones volcánicas y más.

Pero lamentablemente pasan los años y no se hace nada en ese campo. Parecería que para muchos de los que dirigen los organismos de riesgo está muy lejos preparar a maestros para que formen a los niños y jóvenes ante los eventos de la naturaleza.

En los últimos años se ha realizado un sinnúmero de actividades para enfrentar las consecuencias de un evento adverso, se han realizado muchos eventos de capacitación, se ha informado a la población, ahora se realizan simularos de forma periódica.

Son acciones positivas, es verdad; nos falta mayor capacitación, nos falta más información, nos falta ubicar definitivamente los sitios de seguridad, nos falta tener permanentemente los albergues a los que llegarán niños y personas mayores.

Nos faltan algunas cosas por hacer, especialmente de carácter material. Nos falta contar con elementos mecánicos, con vehículos y otros elementos para el momento de un evento adverso; saber exactamente a dónde hay que dirigirse.

Se ha hecho mucho, nadie lo puede negar; nos falta mucho por hacer, tampoco lo podemos negar; con el correr del tiempo debemos seguir en este proceso de preparación y formación para que la población en general se encuentre debidamente preparada y conozcamos cómo enfrentar esos eventos adversos.(O)

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