Diego Aguilera

Lamentable, pero muy real lo que cada segundo pasa en algunas vidas, pues la pérdida de un norte, hace que cada vez el ser se acomode en esquemas nocivos para la salud mental y para el relacionamiento humano. Hablo de la cultura enfocada en “aguantar”; para muchos sinónimo de valentía, entrega, sacrificio y apariencia de bienestar.
Hoy quiero que reflexionemos en: ¿qué tan saludable es aguantar? trabajos que no nos gustan, soportar relaciones con padres, hijos, amistades o parejas que tienden a lastimar y cambiar rasgos esenciales de cada persona.
Esa errónea idea de sentirse mal en nombre del amor al trabajo, a la pareja o a cualquier relación que termina generando toxicidad, solo acumula desdicha, tendencia a mantener un mal estar permanente y desconocimiento de su valía; siempre este relacionamiento de “aguante” hace que se desvaloricen los actos generados e incluso dejemos de lado cosas que son valiosas.
El desenlace de una relación prolongada bajo esos parámetros sólo permite sentimientos de pisoteo, frustración, desigualdad en las acciones y disminución en sus competencias personales.
Motivaciones de este tipo son las que afloran sintomatología depresiva, ansiosa o cambios de ánimo repentinos que al contrario de ayudar en las rutinas diarias entorpecen el normal desenvolvimiento.
Si la identificación personal de los estimados contertulios es aproximada a lo descrito, los aliento para que su caminar sea diferente, que el salto a lo desconocido y terrorífico, se dé, sin postergaciones, les invito a enfrentarse con valentía a la incertidumbre y que con ese paso se inicie la construcción de una vida llena de satisfacción, reconocimiento y valoración de tus propias acciones, convencido de tu valía y decidido en crear tu huella para disfrutarla.
“Toma en brazos a tu dragón del miedo, abrázalo como jamás lo has hecho y lánzate al vacío, que de seguro tú aterrizaje será muy placentero, porque serás tú y te reconocerás en esencia”. (O)