Alan Cathey

Ante las numerosas voces levantadas contra la designación de Qatar como sede del Mundial de Fútbol por la FIFA, su presidente, Gianni Infantino, ha declarado a la prensa, unas opiniones que, en líderes populistas latinoamericanos, habrían sonado hasta esperables, no en el líder de una organización deportiva, que por principio no puede entrar en una polémica política.

Lo que si puede, y además debería, es dar la cara por los trapos sucios de la FIFA, por la manera corrupcion en que, según todos los indicios e investigaciones, se produjo en la designación de Qatar como sede de la Copa. En lugar de aclarar los chanchullos de sus predecesores, y tratar de lavar la cara de la FIFA, transparentando lo ocurrido, al mejor estilo de cualquier demagogo, ha buscado desviar la atención de los temas realmente importantes, con la conocida fórmula del ataque a quienes han expresad reparos a tal designación, tanto en las formas, tan opacas como arbitrarias, como por el fondo, los derechos humanos, los laborales, y por las políticas contra la diversidad sexual, que, como en buena parte del mundo islámico, pueden llegar hasta la pena de muerte.

La penosa respuesta de Infantino ha sido una condena a la supuesta “hipocresía” europea, por la que, y cito textualmente, “Europa debería pedir perdón por lo que ha hecho en los últimos 3000 años”. Ni una palabra sobre el papel de la FIFA, sobre los rumores de millones de Euros repartidos entre algunos dirigentes, mucho menos sobre las investigaciones que han evidenciado a una organización tramposa.
Ante la carencia de argumentos, la salida es demeritar, esperando que los países extra europeos miembros de la FIFA, por “solidaridad”, lo acojan, una apuesta que puede resultarle, pero que poco ayuda a esclarecer los hechos.
El slogan de Infantino acepta multitud de observaciones. Formularé algunas, en torno a su ignorancia, fingida o real, sobre la historia. Habla de lo que “ha hecho Europa al mundo durante 3000 años”. El concepto “Europa”, no existía siquiera. Apenas alguna referencia mítica, posterior al año 1000 AC, habla de Zeus seduciendo a una fenicia, la Ninfa Europa.

Lo que hoy llamamos Europa, recién se formula en los siglos XVI y XVII, en reemplazo del “mundo cristiano” medieval, por los conflictos originados con la Reforma.
¿ A cual Europa condena Infantino desde hace 3000 años, y por qué?
Será por crear la primera democracia del mundo, en una Atenas que construyó, hace 2500 años, un modelo político cuya memoria rescatada, ya en Europa, 2300 años más tarde, se constituye en el ideal político como única alternativa al poder omnímodo?
Será por desarrollar el pensamiento racional y superar la superstición del mundo mágico, por las ideas que filósofos como Heráclito, Parménides, Sócrates o Platón postulan, para fundar el razonamiento lógico y filosófico? Será por el rumbo hacia la ciencia que emprende Pitágoras, con sus teoremas, o la elegancia de la demostración de Eratóstenes sobre la esfericidad de la Tierra y su diámetro, o de Arquímedes, que con una palanca afirmaba poder mover el mundo?
O de esos geniales arquitectos y artistas que construyeron el Partenon, el Panteón y tantos edificios maravillosos?

Hablará tal vez Infantino de las carreteras romanas que conectaron al Imperio, y que, incluso tras su caída, fueron factor esencial de comunicación por diez siglos más?

O de los acueductos que traían agua limpia, o de sus sistemas de alcantarillado , que serán recordados tras 2000 años, cuando el mundo requiera eliminar sus desechos?

Tan lamentable le parecerá la extraordinaria creación del Derecho Romano, hasta hoy núcleo de la civilidad jurídica de buena parte del mundo?

Habrá Europa de pedir perdón por ese momento estelar de la humanidad, el Renacimiento, en su esplendor estético y creativo, que abreva de las clásicas fuentes de Grecia y Roma?

Deberá Europa disculparse por el David de Miguel Ángel, por la Última Cena, por Caravaggio, por Rafael?

Deberá avergonzarse de Dante, Cervantes o Shakespeare?

Debe renegar de Galileo, de Copérnico o de Kepler por refundar la ciencia, pese a las amenazas del oscurantismo, reacio a morir como hasta hoy.

Será por la creación y difusión del concepto de derechos humanos, de las libertades, del estado de derecho, donde se subordina el poder a la Ley?

Que patético argumento de Infantino. Como todo el mundo, Europa ha tenido horas obscuras, algunas recientes, como los genocidios del pasado siglo, cuyo iniciador, será el decadente Imperio Otomano, pronto seguido por alemanes, soviéticos, japoneses y chinos, para terminar con el horror de Ruanda. Pero olvidarse que fue Europa la que inventó y difundió las vacunas, la penicilina, la Relatividad, los rayos X o la anestesia, o proponer que por ellos se pida disculpas, es una pobre excusa para un pobre tipo, agarrado en falta encubriendo a sus antiguos jefes. Para recordarle, de lo que hoy come, es también invento y desarrollo de ésa Europa a la que exige disculpas. Hablamos, claro, del fútbol, del cual se ha valido en su vida para un excelente pasar. Por el también debe Europa pedir disculpas sr. Infantino? Un poco de sindéresis nunca está de más. (O)