A pesar de estar lejos, siempre estoy al tanto de las novedades de Latacunga; incluso a veces, me entero más pronto que aquellos que están en Ecuador. Las redes sociales se han convertido en mis grandes aliadas, pero, debo admitir que muchas de las veces la información que se presenta tiene una buena dosis de error y exageración.
Por un lado, están las noticias oficiales de las instituciones, que al contar con un talentoso equipo de comunicación presentan fotografías generalmente de excelente calidad, con textos colmados de positivismo y de buena intención. Sus publicaciones dan la sensación que están haciendo un trabajo espectacular y que todo marcha de maravilla. Sin embargo, también aparecen personas que hastiadas e inconformes con lo que sucede en realidad, expresan su malestar con otro tipo de publicaciones; que, aunque tan solo sea con la cámara de un celular, sin tanta producción como la de los primeros, dejan en evidencia que aquellas “grandes soluciones” de las autoridades NO FUNCIONAN.
Unos cuantos meses atrás, las redes sociales se inundaron de reclamos con respecto a la semaforización del centro de Latacunga, un proyecto que se ejecutó en el afán de dar fluidez y seguridad al tránsito, pero claramente no funcionó. Todas las fotografías de los cibernautas mostraban un tráfico más complejo, además de la notoria contaminación visual. Estaba claro que la cura resultó peor que la enfermedad.
No lo digo basada solo en las publicaciones y comentarios de la gente. También tuve “la suerte” de corroborar en carne propia la inutilidad de aquella icónica obra. Semáforos seguidos a corta distancia, algunos sin funcionar y mucho menos sincronizados. Tramos que usualmente tomaban 10 minutos, gracias a los semáforos ahora toman el triple, a ello se suma la contaminación visual, auditiva y el evidente estrés de la gente que en el afán de llegar a su destino usa desmesuradamente la bocina e infringe las normas de tránsito; cero respeto a los demás conductores, mucho menos a los peatones. Cruzar la ciudad resulta una travesía e invita a cuestionarse si resulta mejor caminar, tomar un taxi o simplemente no salir. El caos es todavía mayor en un día lluvioso, en horas de entrada y salida de las instituciones educativas y peor aun cuando hay eventos en el centro y se cierra alguna calle. Lo más irónico es que en aquellas vías donde verdaderamente hace falta un semáforo, no hay NADA; tanto conductores y peatones cruzan a la suerte de Dios.
No conforme con ello, se procedió a la reubicación de algunos de los semáforos tanto de los dispositivos antiguos y nuevos. Se dice que todo esto ha sido bajo un estudio previo. Pero siguen las interrogantes. ¿Bajo qué condiciones? ¿Qué equipo profesional? Ante tal caos, algo claramente no cuadra. Conviene también mencionar la inversión de más de 700 mil dólares. Un monto nada despreciable que bien se pudo haber direccionado a temas urgentes, todavía no resueltos como: comercio informal, limpieza, arreglo de vías, seguridad, abastecimiento permanente de agua… la lista es larga.
Ironías como éstas, solo pueden verse en nuestra querida Latacunga, donde no bastan los reclamos de la población y no se presta atención a las verdades necesidades de la ciudad. Mientras las autoridades se hacen de oídos sordos, pero eso sí, mantienen aquel espejismo de perfección y buen accionar en sus plataformas virtuales. Queda demostrado que una vez más somos víctimas del voto equivocado, y las propuestas de tener una mejor ciudad se quedaron solo en las ofertas de campaña.(O)