El mundo enfrenta una evolución constante, la tecnología gana espacio, nuevas formas de vida y costumbres se imponen, el sentimentalismo prima a veces por encima de la lógica y la realidad, la falta de resiliencia en los millennials es evidente, muy competentes para muchas cosas e incapaces de enfrentar problemas o pérdidas sin la necesidad de buscar ayuda profesional.
Dentro de este espectro se ha puesto muy de moda el tema de la defensa de los animales, algo que es lógico y con lo que estamos absolutamente de acuerdo, porque si hay algo realmente triste es el maltrato a cualquier forma de vida, y como decía Gandhi, “la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que trata a sus animales”.
Pero el asunto creemos se está yendo de las manos de las autoridades, hace algún tiempo, algunos colectivos, así como iniciativas particulares comenzaron a poner comederos y bebederos para perros en las calles de Latacunga. El asunto lejos de solucionar el problema, lo ha ido incrementado, porque cada vez se ven más mascotas abandonadas en la urbe, lo que es realmente preocupante y peligroso.
El sentido común dicta que no pueden haber perros abandonados en las calles, pues estos constituyen un peligro para la sociedad. Las perreras municipales no son un invento de ahora, existen desde hace muchísimas décadas; por ejemplo en Holanda ya había un refugio de perros en 1877, y son una necesidad emergente de las urbes donde no se puede tolerar que existan animales abandonados en las calles.
Esta falta de control está desencadenando otro problema gravísimo, muchos de los perros callejeros y abandonados por sus irresponsables dueños están formando verdaderas jaurías. En sectores como Joseguango Bajo, los rebaños de animales domésticos son continuamente atacados por estos perros que día a día se vuelven más salvajes, poniendo a sus habitantes en verdadero estado de emergencia.
Sería bueno saber qué piensan las autoridades de esta situación que lejos de arreglarse se complica. Lo que está claro es que este estado de cosas no puede continuar.(O)