Así se escucha desde ya, en las calles del otrora conventual Centro Histórico de Latacunga, con motivo de celebrar 198 años de su emancipación política, el Once de Noviembre de 1820. La libertad que nos legaron los próceres de esta gesta libertaria, es un bien que nos ha permitido vivir en democracia, aunque débil y enferma por los políticos que a mala hora han tenido el mando de nuestra pequeña patria chica. Sin embargo, los habitantes de esta pequeña ciudad que creció desde ayuntamiento, a villa y posteriormente a ciudad, tenemos el derecho legítimo a demostrar nuestra felicidad por ser libres.
Uno de los actos de celebración, será la comparsa de la Mama Negra, que cabalgará con sus cuatro personajes principales: el Ángel de la Estrella, el Rey Moro, el Abanderado y el Capitán. Le acompañarán otros personajes: loeros, huacos, urcuyayas, carishinas, camisonas, músicos, cholas ofrenderas, champuseros, ashangas, palafreneros y muchos más, que harán el deleite de propios y extraños. Más de cinco mil actores desfilarán por el Centro Histórico emulando, en un acto teatral, la ceremonia religiosa de fe que ofrecen, en el mes de septiembre de cada año, las vivanderas del mercado Pichincha y los devotos y donantes de El Salto en agradecimiento a la Virgen de las Mercedes por protegernos de los peligros del volcán Cotopaxi desde hace más de doscientos años, en un acto folklórico nacido del imaginario popular.
Latacunga debe recibir de pie y con los brazos abiertos a quienes visitan este hermoso rincón del Ecuador. Es una gran oportunidad, casi única, de que tanta gente que aprecia las manifestaciones culturales, viva una aventura diferente, única e inolvidable. Es una ocasión para demostrar lo amables que podemos ser con turistas que demuestren respeto por lo nuestro y aprecien las expresiones de júbilo que ofrecerán los marchantes al son de “Tierra Latacungueña” mientras mueven de forma cadenciosa su humanidad. Cada detalle que adorna su vestimenta, tiene un significado sentimental. La expresión de su rostro despierta el entusiasmo en quienes reciben su cálida sonrisa.
Presenciar este colorido desfile de personajes nos traslada a la época de la colonia, cuando la naciente villa de Latacunga presenciaba estas manifestaciones que son una simbiosis de la cultura aborigen y la española, que se insertaba sometiendo a la primera. Los antiguos dioses miraban con asombro la suplantación de un Dios que llegó con armaduras y frailes para catequizar a nuestros antepasados. Cuatro siglos más tarde seguimos en el proceso de evolución cultural que se niega a desparecer nuestras raíces.
Estas circunstancias nos permiten vivir las dos facetas de nuestra historia. Participar en una fiesta eminentemente religiosa que se realiza en honor a la Virgen de las Mercedes en septiembre, y vivir el jolgorio que representa una celebración más bien pagana, que replica de forma irónica la primera, en honor a la gesta libertaria del Once de Noviembre de 1820. Por tanto, cada una tiene su espacio que debe ser respetado y preservado, para beneficio de quienes tenemos la oportunidad de vivirlas. Es así como nos asiste el derecho a manifestar con alegría lo que se siente ante estas expresiones populares.
Hagamos entonces un alto a la rutina diaria, para transportarnos imaginariamente a los inicios de nuestra ciudad, para integrarnos a la festividad autóctona, cívica y libertaria que nos ofrecen los habitantes de Latacunga. Dejemos de lado las penas que nunca faltarán, para contagiarnos del sano esparcimiento que nos prometen las doncellas que bailan al ritmo de la vida y su cultura milenaria. Vivamos un sano esparcimiento.
¡QUÉ VIVA LATACUNGA EN SUS 198 AÑOS DE INDEPENDENCIA! (O)

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