No sé si el término es el más adecuado, pero consternados, incrédulos, unos cuantos hasta iracundos, por no emplear un término de nuestro vulgo mucho más duro para reprochar o simplemente reflejar la grave inconformidad que existe con esos dimes y diretes entre funcionarios y ex funcionarios, entre ex amigos y allegados al gobierno actual y al anterior, no empleados de segunda o de tercera, sino de las más altas esferas del poder público, ciudadanos que deberían estar no solamente investidos de esas máximas representaciones como autoridad, sino, y sobre todo, cubiertos de la más intachable actitud pública y privada, ser buenas personas, ser buenos ciudadanos, ser gente honesta y transparente.
Lo grave son las acusaciones que vierte, claro y ahí un problema, un prófugo de la justicia, el ex contralor de la Republica, quien lanzó en una entrevista realizada fuera de los linderos patrios, cosas que no solo raya en la corrupción por hurto, robo, apropiación de fondos públicos, sino algo que va mucho más allá de todo cálculo político, de una acción fuera de los límites de la humanidad y de la caridad para con nuestros congéneres, haciendo, supuestamente, un daño irreparable a cientos de personas, a decenas de jóvenes que arrancaban con una profesión y a decenas de familias que terminaron con los sueños de una vida mejor, de una estadía con dignidad en este espacio llamado Ecuador.
Claro que sí, porque la caridad no solamente es para con los mendigos, para con los pobres, para con los miembros del pueblo llano, para con esas masas de hombres y mujeres que viven en las periferias de las grandes y pequeñas ciudades al borde de la miseria y que no queremos ver como sociedad, con niños hambrientos, con niños desnutridos, con niños abusados y que por vivir en esos sectores, poco o casi nada se conoce en el mundo “desarrollado” en el que vive un gran número de ciudadanos.
La caridad comienza por casa, dice una vieja sentencia y esa es la verdad, puesto que nadie puede ser una persona caritativa, sino comienza por demostrar esa abnegación para con los semejantes sin averiguar absolutamente nada de su posición económica, ni pasados, ni colores, ni nada por el estilo; simplemente lo que interesa es hacer el bien y sin saber a quién.
Pero con esas declaraciones nos ponen en una encrucijada y nacen en nuestro ser más profundo inquietudes y hasta desesperanzas, cuando no teneos certezas y más bien nos van creando muchas dudas. ¿Será que habla con la verdad o será que existe una revancha porque no le protegieron los amigos de antes y las autoridades actuales? ¿Será simplemente eso y que la comunidad debe estar tranquila porque las instituciones están en manos de gente honesta y transparente; que están conducidas por gente sincera y diáfana en sus actitudes del pasado y del presente?
Señalar que se manejaron las cosas bajo un antojo especial, bajo directrices con odios y venganzas cometiendo fraudes, creo que así llamarían los jurisconsultos, fraudes procesales, porque han entregado o interpusieron recursos y documentos forjados a través de la edición de elementos que perjudicaron a decenas de familias ecuatorianas, a miembros de la sociedad civil de las FF.AA y de la Policía Nacional.
Con esto, este simple Obrero de la Comunicación no está inculpando, peor juzgando a nadie, pero por el bien de la república, de la práctica razonable de la moral, de la ética, del buen vivir, de una saludable convivencia, muy bueno sería para el país, para su pueblo, para todos, que se aclare de una vez por todas los entramados de esa comisión denominada Treinta S la que, con sus resoluciones, según esas delaciones del ex hombre fuerte del control de las arcas públicas, hoy prófugo de la justicia, se perjudicaría a gente honorable, a gente que, hasta por esas casualidades de la vida, estuvieron en el momento, en la hora, en el minuto, en el segundo, en el lugar no adecuado.
¿Será que quienes se han dedicado en los últimos años a realizar una profunda investigación y sacar a la luz hechos de una terrible trama de corrupción, nos han mentido? Será que el periodista Fernando Villavicencio le ha engañado al país cuando ha señalado que él posee esos documentos que altas autoridades aseguran que jamás existieron ni existen en los archivos de la institución de control?
Creo que vale esta inquietud: ¿Quién le miente al país, quien le engaña al pueblo ecuatoriano? ¿Será mejor decir ese viejo adagio popular que dice Dios averigua menos y perdona más?. Se me acabo nuevamente la tinta para este mensaje a la comunidad.(O)

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