Es evidente que la víctima de esta trifulca sin nombre es la ciudadanía. De forma maquiavélica han sitiado ciudades y provincias, provocado escasez de alimentos, medicinas, combustibles. Doblegado la voluntad a través de la violencia. Desperdiciado millonarios recursos sin afrontar responsabilidades.
Sólo un país con tantos recursos como éste podía soportar un paro desnaturalizado como el que vivimos, donde se pavonean porque mueren animales por falta de alimento, se tiran huevos a la basura, quiebran las empresas exportadoras, la leche se va las acequias, se incendia un convoy con combustible para mantener el funcionamiento de una refinería y seguramente se perderán miles de plazas de empleo formal, porque no hay quien sostenga esta economía.
Desgarra la situación de cientos de personas que luego de la pandemia comenzaron distintos emprendimientos, ecuatorianos que con ilusión invirtieron en sus pequeños negocios y que viven del día a día, quién tiene derecho para obligarles a cerrar sus negocios, fuente de recursos para sus hogares.
Todos los ecuatorianos perdemos, porque nadie puede ser ganador en medio de este caos y violencia. El Gobierno debe encontrar una salida urgente a esta crisis que demuestra que el Ecuador estaba más enfermo de lo que se pensaba. (O)