Un año atrás Lenín Moreno se posesionaba como Presidente de la República en medio de serios cuestionamientos sobre la transparencia del proceso electoral que lo llevó a ese cargo; entonces quién hubiera pensado que el Ecuador experimentaría vertiginosos cambios políticos que pusieron en evidencia una de las tramas de corrupción más grandes de la historia nacional.
El saldo es escalofriante, comenzado por el ex vicepresidente de a república preso y altos funcionarios con sendos procesos judiciales, poniendo en evidencia la debilidad de un partido político que brilló por el fanatismo en su ideología, por la corrupción de sus filas y la creación de leyes a la medida que solaparon la impunidad de sus actos.
Quién se hubiera imaginado un año atrás que Moreno presentaría a la Asamblea reformas a la Ley Orgánica de Comunicación, eliminando a la Superintendencia de Comunicación, órgano inquisidor que atentó desde el año 2013 contra la libertad de expresión, causando enorme prejuicio a la tradición democrática ecuatoriana.
También ha llamado la atención y ha sido bien vista por los distintos sectores, la designación de Richard Martínez como Ministro de Finanzas, marcando un antes y un después con el nefasto correísmo.
Sin embargo Moreno sigue en deuda con el país, pues la esta renovación debe ir a todo nivel y está claro que la Cancillería ecuatoriana no puede estar en manos de quien maneja una agenda propia, donde los intereses de su ideología primen antes que los del país a quien representa. Es imperativo que la Canciller dé cuenta de sus prioridades, movimientos y gastos, Ecuador espera.(O)

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