No, hoy no vamos a hablar de la pugna de poder en la Asamblea (la próxima semana sí, no se lo pierdan), sino de las peleas, batallas, rencillas, luchas, fragmentaciones, acusaciones de fraude, gritos entre examigos y más actos de fuerza bruta en la selección de candidatos para las próximas elecciones seccionales, donde se renovarán los Consejos Provinciales, los Municipales y las Juntas Parroquiales Rurales y por ser tan entretenidas (las broncas) no nos dejan aburrirnos.
Empiezo con una anécdota, cuando estudiaba mi maestría en una universidad catalana, en ocasiones en los ejemplos prácticos de mis tareas ponía casos ecuatorianos, que si los golpes de estado, que si las declaraciones de locos de los diputados, que si las frases célebres en los congresos, que si los cenicerazos, que si los proyectos de escisión nacionales de Guayaquil Independiente y Loja Federal; y, usualmente, la respuesta de mis docentes a estos deberes eran “César, estás exagerando, si bien la democracia latinoamericana y por ende la ecuatoriana no son tan sólidas como las europeas y estadounidense, no creo que pase todo lo que cuentas”, tengo ganas de volver a hacer la maestría solo para mandar los titulares de nuestra prensa local y nacional y que vean que delirante no estoy y así ciertas calificaciones mejoren en mi promedio general, pero bueno.
Y ahora vamos a lo local, las alianzas se rompieron, los nombres de “los mejores hombres y mujeres de Latacunga y Cotopaxi para el servicio de su gente” ya no son los mejores “porque faltaron a su palabra y a los compromisos efectuados” y por ende “ya no nos llevamos con ellos” y “hablaremos con otros líderes para completar las candidaturas”, parece chiste pero así fue ¿y sabe el por qué de todo esto? Porque las primarias en los partidos son una reunión de amigos y no la verdadera expresión de la voluntad de la militancia.
Imagínese Usted estimado lector que milita durante 30 años en un partido político pero no es parte de la directiva provincial o nacional pero quiere ser candidato en las próximas elecciones, sin embargo esta directiva considera que no “tiene los números” para representar al partido y por ende decide invitar a un extraño a la organización para que se postule, este extraño lleva 20 amigos que levantan la mano y lo proclaman candidato, gana las elecciones y en el ejercicio del poder se olvida de quienes lo auspiciaron y dice “yo siempre fui independiente” ¿es justo para la militancia? ¿Es honesto con aquellos que no han abandonado los partidos pese a las crisis? ¿Es recíproco con los que pegaron banderas y pintaron paredes desde hace décadas para que se ganen elecciones? Evidentemente no.
¿Y la solución? primarias abiertas, bajo el control del Consejo Nacional Electoral, en la que los afiliados, simpatizantes, militantes y adherentes de los partidos que quieran ser candidatos se inscriban ante el CNE y no ante las directivas provinciales y se convoquen a unas pre-elecciones en las cuales todos los inscritos por un partido o alianza puedan participar y sea la gente la que decida quién es el candidato de la organización, siempre que ésta supere un mínimo porcentual en estas primarias; así, si Juan, María y Pedro quieren ser candidatos por el partido X, los tres se postulan ante el Consejo Electoral que en una fecha previa a las elecciones convoca a primarias y gana el que más votos tenga y ese ganador es quien representa al partido en las definitivas, solo si tienen más del 5% de votos emitidos, si no lo tienen, no participan, con esta fórmula evitamos 2 problemas: que “los buenos que dejan de ser buenos porque no cumplen acuerdos” no sean marginados por capricho y que las elecciones se decidan entre menos postulantes, solo como dato, apenas 7 de los 14 candidatos a la alcaldía de Latacunga en la elección pasada superaron el 5% y solo 5 de los 10 a la prefectura de Cotopaxi lo hicieron ¿no sería más fácil elegir entre 5 o 7 que entre 10 o 14? (O)