El país sigue con atención los movimientos del Poder Ejecutivo, Legislativo y actores políticos que se han activado, milagrosamente, coincidiendo con la festividad de Halloween, ajena a nuestra cultura, aunque cercana a nuestra realidad, pues se levantan hasta políticamente muertos para el siguiente proceso electoral, en que aspiran  recobrar el alma y sus beneficios colaterales. Estamos presenciando los primeros rounds, cual si fuere una pelea de box, dedicándolos a explorar el terreno del adversario, en espera de un descuido del adversario para el “knock out” real o técnico.  La novatada de sus actores, salvo pocas excepciones, lleva a un match aburrido que no se concreta en trabajo productivo, mientras angustia el estancamiento económico que vivimos, agravado por la pandemia que no termina de irse.

Las demostraciones de fuerza, de lado y lado, afloran. Por un lado, escuadras de campesinos que nos recuerdan de lo que fueron capaces dos años atrás, bajo el auspicio “desinteresado” de fuerzas ocultas en paraísos socialistas del SS XXI, que no pueden sobreponerse al despido notificado en las elecciones presidenciales últimas, siendo reemplazados por una corriente de apertura al mundo, promulgando el desarrollo sostenible basado en la inversión privada. Por otro lado, los novatos asambleístas que nunca se imaginaron ganar la elección, no atinan a manejar el poder que el pueblo les confió, tratan de demostrarlo con erráticos comportamientos que van desde actos reñidos con la honestidad que se espera de ellos, hasta poses de soberbia como asumir roles que nos les corresponde o amenazar con desechar cualquier propuesta del Presidente, aún antes de conocerla.

Para completar el trío de actores, el Gobierno Central amenaza con legítimas armas constitucionales de última instancia, equipa a su fuerza policial y militar, acusa de intenciones subversivas a sus opositores y recuerda a todos que su poder proviene del Pueblo y está elegido para gobernar, es decir decidir, y no solamente consentir todo capricho según el grado de amenaza que enfrente. Gracias a estas “cualidades” de los grupos que ejercen el Poder, hemos logrado un “clinch” es decir un estancamiento que el árbitro deberá separar, pero lamentablemente no existe. Por consecuencia, el tiempo sigue marcando su paso, la crisis sigue causando daños y a los ecuatorianos nos queda el rol de meros espectadores que deberíamos impresionarnos de tamaños amagues.

Las “justas aspiraciones“ ideologizadas de los caudillos políticos, que casualmente serán “democráticamente” escogidos para terciar en los comicios de 2023, lideran las marchas y las falaces ofertas para solucionar los problemas cotidianos acumulados durante años de crisis y de bonanza que no supimos administrar. El pueblo enardecido contra el gobernante de turno, acolita las posturas de sus cabecillas, que plantean un pliego de peticiones sobre las que deberán “regatear” como en la compra de víveres en el mercado mayorista, insistiendo al Jefe de Gobierno que REBAJE el precio de los combustibles, máxima aspiración popular coyuntural, que siendo superficial y demagógica, constituye una efectiva carnada para que caigan “todos” los que recibirían el impacto de reducir un subsidio que se mantiene desde hace 50 años y no ha cambiado la realidad de las mayorías empobrecidas. Esa actitud paternalista, clientelar y demagógica ha contribuido a endeudarnos en más de $60 mil millones, es decir cerca de $4 mil por habitante, incluyendo los recién nacidos.

Este show, que solo consigue desviar la atención de los problemas de fondo que nos han esclavizado desde hace décadas, debe terminar. Nuestro Presidente no puede asumir el papel de caserito ni los actores políticos, vengan de donde vengan, el papel de autoritarios clientes para imponer sus aspiraciones contra viento y marea.

¡VIVAMOS LA DEMOCRACIA SIN REGATEOS!