Cada 15  de agosto, a partir del 2015, los latacungueños y cotopaxenses recordamos uno de los hechos más aciagos para el presente y futuro de nuestra ciudad, me refiero a la fallida declaratoria de emergencia decidida autoritaria y dictatorialmente por el presidente de la República Rafael Vicente Correa Delgado  -de ingrata recordación-, quien con el propósito de frenar el reclamo popular cuya marcha se dirigía a la ciudad de Quito, señaló una posible erupción del volcán Cotopaxi y, bajo ese pretexto declaró el estado de excepción, y obviamente, paralizó el reclamo social. El daño que causó a nuestra ciudad y cantón no ha sido hasta ahora evaluado, sin embargo los culpables, funcionarios públicos de designación del Ejecutivo y aquellos de elección popular siguen campantes -como si nada hubiese ocurrido- por este horroroso hecho que recordamos para que no vuelva a ocurrir jamás y para que los causantes  sepan que no olvidamos su irresponsable condición en esos momentos.

Recordemos que fue el representante del Ejecutivo quien anunció  y autorizó a los medios de comunicación difundir la alerta roja, bajo la consideración de una inminente erupción del volcán Cotopaxi, la noticia corrió por medios escritos, hablados, televisivos y redes sociales, con un pedido urgente de abandonar los lugares ribereños a los ríos cuyo origen tienen en las nieves y vertientes del  Cotopaxi, el 75% de la ciudad ubicada en zona de riesgo, según los miembros del sainete. La ciudadanía entendió el macabro mensaje y desorganizadamente abandonó la ciudad, sus barrios y comunidades y se dirigió hacia las partes altas o denominadas zonas de seguridad, en esos momentos obviamente reinó el caos total,  familias que trataban de llevar consigo el mayor número de bienes muebles, especialmente electrodomésticos cargados o embarcados en sus vehículos, lo que hacía entender que nos había llegado la hora, por decisión del Presidente de la República y sus representantes en esta jurisdicción. La historia sísmica de nuestra tierra sobre las erupciones de nuestro coloso, fraguaban  la destrucción total de la ciudad, -sálvese quien pueda-, como hasta ahora, sin liderazgo de ninguna autoridad.

El Cotopaxi estaba ahí como siempre, radiante, hermoso, varonil, vigilante, atento al presente y al futuro de sus legítimos dueños los latacungueños y cotopaxenses, no existió ninguna actividad volcánica, no hubo lava en sus flancos, estaba tranquilo observando la maldad humana de un perverso administrador del Estado ecuatoriano. El daño estaba causado, el perjuicio era y es incalculable, para nuestra querida tierra, para sus habitantes, para la economía de la ciudad y cantón, para la provincia. Han pasado ya cinco largos años y no hemos podido estabilizarnos, mucho peor en el presente año con la presencia de este mortal virus convertido en pandemia (covid-19). Estamos penosamente convencidos de que sin liderazgo institucional -así como estamos- entrando a un año  electoral y con funcionarios de designación del ejecutivo que no se han puesto la camiseta de Latacunga y de Cotopaxi, pasarán otros tantos años más para recuperarnos de la farsa vergonzosa.  

Surge la esperanza de la férrea voluntad   de los habitantes de esta inigualable tierra para que en base a su empuje, coraje, esfuerzo, tesón, voluntad y cariño a la tierra que nos vio nacer o en la que muchos se han radicado, podamos devolverle su señorío de ciudad pensil de los Andes, una ciudad de cultura, artes y buenas costumbres, que nos haga sentir orgullo de ser la capital de la provincia que lleva el nombre de nuestro coloso, que demuestre que hemos vivido con él y lo seguiremos haciendo. Una ciudad con equilibrio ambiental, con espacios verdes para disfrutar en familia, canchas barriales, parques lineales junto a los ríos que cruzan nuestra ciudad y parroquias. Una ciudad  que brinde seguridad como elemento medular para la reactivación de las actividades económicas, creación de plazas de trabajo, que respete la equidad de género. Una Latacunga próspera en la que sus recursos sean administrados de forma óptima y  en función de sus más urgentes necesidades, que permita el mantenimiento y ampliación de su red vial como requisito para emprender en programas de turismo; esta tierra necesita liderazgo, requiere que no le mientan, que verdaderamente le sirvan  y no se sirvan de ella. Que los malos recuerdos de cada 15 de agosto nos unan frente a un derrotero que requieren la ciudad, el cantón y la provincia.(O)