Mientras se van millones de dólares en el bendito fútbol, que a la final nos da muchas menos satisfacciones que otros deportes, estrellas escondidas y poco apoyadas como Carapaz o Morejón ganan las competencias más importantes del mundo, cada uno en su disciplina.
Hablar del Giro de Italia, es hablar de un sueño que para un país tercermundista resulta inalcanzable, que un deportista de un país como el nuestro pueda ganar o quizá sólo participar en esta competencia, más aún sabiendo que participan aquí las potencias más ricas del mundo con sus diferentes equipos, en los que invierten millones y millones de dólares, por ahí un pastucito tuvo la suerte de brillar en Colombia y que lo fichen para un equipo tan prestigioso como Movistar.
Pero, ¡oh sorpresa! En la octava etapa, este carchense, al que ya se lo veía venir con mucha fuerza, deja a todas las estrellas de laboratorio botadas, faltando un kilómetro para la meta y gana una de las etapas más televisadas del mundo, una de las competencias con más rating en vivo del planeta.
Esto sin duda ha subido mucho la autoestima de los ecuatorianos, deportistas con cero apoyo, que salen de la pobreza más grande, para ponerse a la altura de los mejores del mundo, gracias a sus extraordinarias condiciones, gente que ha entrenado y competido con un solo par de zapatos gastados, gente que ha logrado salir adelante en una bicicleta de tubo de agua, porque no han tenido el apoyo de ninguna federación deportiva, porque las mismas como en el caso de esta provincia, más tiempo y recursos pierden en justificar los robos que a través de los años han hecho, de manera descarada, que brindar el apoyo que se merecen estos deportistas, los que sí logran brillar es por méritos propios y no de estos sinvergüenzas que se lo llevan todo.(O)

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