Los medios de comunicación digitales nos han permitido enterarnos de los distintos acontecimientos que suceden en cada rincón del mundo, el momento mismo que suceden. Las noticias “vuelan”, enterándonos no solo de lo bueno, lo malo y lo feo, sino de lo insólito e incluso de lo perverso. Estos hechos, si no ponemos suficiente atención, a veces no sabemos si ocurrieron o no en nuestro país. La sociedad está inundada de información, generalmente mal procesada, o, lo que es peor, tergiversada, dependiendo el orígen del medio. 

Esta es una realidad inocultable, cuyos acontecimientos conmueven, estresan e impactan sobremanera: nos pone “los pelos de punta” coloquialmente hablando. No hay día que no seamos informados de comportamientos violentos, cuya realidad conmueve el alma y provoca desespero en la sociedad. Un hecho noticioso se minimiza u olvida, al aparecer otro donde los medios televisivos se encargan de “dosificar” su dimensión, dependiendo del “rating” que puede tener. La guerra entre Ucrania y Rusia, por ejemplo, ya no ocupa la atención que tuvo al comienzo.

En nuestro país la situación es aún más compleja, debido a las noticias sobre la terrible violencia que ha invadido a la sociedad. Cada minuto, hora y día se dan hechos criminales, traducidos en muertes violentas, que viene provocando la delincuencia, organizada, y común que, al parecer, ha rebasado a los organismos estatales encargados de la seguridad pública. No es consuelo decir que estas realidades no solo ocurren  en el Ecuador, sino que es un mal que aqueja al mundo.

En su definición clásica, “el Estado es la nación jurídica y políticamente organizada”; por tanto, no puede arriar la bandera o “tirar la toalla” frente a la criminalidad, el desorden y la anarquía que provoca. Es su deber agotar todo esfuerzo para combatirla con fuerza y determinación. No se puede tolerar más tanta muerte, asalto, robo, y, en general, tanto delito que ha socavado la confianza de la gente en sus instituciones y autoridades. Lo más grave es que puede incluso empezar a dudar si el régimen democrático está a la altura de las circunstancias actuales. 

Dicho lo anterior, el gobierno finalmente ha decidido plantear una consulta para que sea la gente la que, en último término, le dé pautas para actuar. La primera pregunta reza así:

¿Está usted de acuerdo con que se permita el apoyo complementario de las Fuerzas Armadas en las funciones de la Policía Nacional para combatir el crimen organizado, enmendando la Constitución de conformidad con lo previsto en el Anexo 1?”

El Anexo 1 contiene los análisis y argumentos que respaldan esta propuesta, así como el nuevo texto del artículo 158 de la Constitución, al que se le añade el siguiente inciso:

“Previa solicitud motivada de la Policía Nacional, la o el Presidente de la República podrá disponer el apoyo complementario de las Fuerzas Armadas a la Policía Nacional. Este apoyo complementario se brindará para combatir el crimen organizado de forma extraordinaria y regulada”.

Las FF.AA. tienen que intervenir para contrarrestar esta nueva amenaza para el país, ampliando y reformulando su tradicional misión fundamental de “defensa de la soberanía y la integridad territorial”. Su apoyo, como consta en la pregunta, tendrá el carácter de complementario, esto significa completar o perfeccionar el accionar de la policía en “la protección interna y el mantenimiento del orden público”. Según la encuestadora CEDATOS -que ha consultado a la población respecto de esta pregunta-, el 85,8% de los consultados votaría por él SI; por el NO, el 10%; no sabe o no contesta, el 4,2%.

“Un hombre de estado debe tener el corazón en la cabeza” (Napoleón Bonaparte) y eso es, precisamente, lo que se requiere para conducir y administrar el país lleno de problemas, muchos de ellos heredados y otros actuales, derivados de aquellos. Gobernar no es una tarea sencilla, más aún cuando existen intereses encontrados, grupos económicos y criminales con poder, sindicalismo jurásico que no entiende que hay gente que no tiene trabajo y no permite modernizar la legislación laboral. En fin, lograr el equilibrio social, atender los intereses en juego y combatir la criminalidad es una tarea complicada.

Es imposible avanzar, crecer y desarrollarnos, a menos que dispongamos de instituciones fuertes, basadas en principios, valores éticos y morales, en un ambiente de confianza. Sin seguridad no se puede avanzar y sin libertad tampoco podemos ser mejores. (O)