Son las ocho horas cinco minutos de la mañana y por delante se viene una audiencia en una de las Unidades Judiciales Penales de cualquier lugar del Ecuador; a pesar que la profesión de abogado no es la más respetable ni ponderada, tenemos a nuestras cuestas la defensa de la libertad, dignidad y hasta la vida de los ciudadanos/as.
En los actuales momentos el ejercicio profesional ha cambiado dramáticamente por varios factores; a pesar que exige más técnica y oralidad, así como más conocimiento y transparencia; en lo pragmático es más vulnerable y oportunista.
La diligencia está prevista para las 08H30 y la puntualidad es una norma básica en este tipo de actos procesales, ya que si no se acude a la hora señalada simplemente los efectos son catastróficos para la defensa del cliente; pero además no debe existir improvisación por cuanto existe preparación de por medio, ya que debemos haber estudiado el caso para argumentar de manera correcta dentro de las ciencias jurídicas, de por medio todo caso es defendible y merece la pena ser analizado frente a una Autoridad Judicial.
En los medios donde se desarrolla el ejercicio de la justicia, se conoce de antemano algunas informaciones periféricas, y no deja de sorprender lo que se escucha en ocasiones en niveles de prejuicio o conjetura, y otras, se las palpa ya adentro, porque en este trabajo al menos contiene tres sujetos importantes: Autoridades jurisdiccionales, abogado y cliente.
De ahí, que una vez que instala la audiencia se pasa por la cabeza miles de ideas ajenas al desarrollo jurídico especializado.
¿Y por qué?
Porque esto es Ecuador, no Suiza, Suecia o Finlandia, donde el pensamiento del litigante está en los argumentos y tecnicismos jurídicos, porque al fin, en frente se tiene a jueces y juezas de más de 20 años de ejercicio profesional, los mismos que no tienen ataduras, ni tampoco se preocupan por sus cargos, por el qué dirán o por otro tipo de “motivaciones”.
Las primeras frases de saludo y de respeto no se hace esperar, ya que previamente nos conocemos, así como donde desarrollamos nuestra profesión; es diferente litigar en la región Andina, que, en el Litoral, hasta las actuaciones son totalmente diferentes, eso es una realidad indudable.
Si el abogado por ejemplo en Ambato no va con terno, simplemente le llaman la atención y hasta no le podría dejar intervenir, mientras que en la costa no se requiere esa extrema formalidad, por las condiciones climáticas. Este tipo de situaciones son ajenas a las cátedras de las Escuelas de Derecho, donde en ocasiones no le forman, sino le deforman, y la experiencia debe complementarse con un excelente ejercicio profesional.
Durante el desarrollo de la audiencia se observan gestos, actitudes que llaman la atención, alocuciones simples pero que las Autoridades toman más en cuenta que las otras; se nota irritabilidad con el justiciable, a veces hasta dedicatoria y mal humor, empieza a percibir no justicia en imparcialidad sino con ventaja; como que las elucubraciones van tomando forma, van cerciorándose que vamos a perder, porque el cliente ya lo anticipo, porque las “motivaciones” no son jurídicas, sino materiales.
Y antes de la decisión, recuerdo que, en los estados de algunos artefactos celulares de algunos de esos funcionarios, exhiben sus relojes rolex, sus equipos deportivos de último modelo, sus autos clásicos, bienes suntuarios, etc., es decir exhiben lo que no se puede justificar y que en definitiva debería ser algo privado y reservado, pero que, por su inmadurez de obtener atención, no se restringen en sus ambiciones personales.
Pero este ejercicio, no solo es cuestión de la Autoridad que recalco en su mayoría son gente honesta y bien intencionada, además de tener una formación excelente en lo profesional; pero la excepción es la que marca la regla y en estos momentos intenta generalizarse.
Del otro lado colegas abogados que en menos de un año “invierten” un millón de dólares en adquirir bienes, que su estatus cambia de la noche a la mañana, que los clientes se sumergen en sus ofrecimientos porque aseguran una ganancia.
Mientras los jueces deliberan, comentamos afuera lo que comento, pero nadie quiere decir nada, el miedo atosiga porque puede haber represalias, provoca dolor tanta indiferencia.
Al final perdí el juicio, no bajo la cabeza, me queda aún dignidad, pero el cliente no le sirve esto, él no entiende estos entretelones, seguro cambiará de abogado y sabemos por dónde irá, por aquel que, aunque su práctica no sea honesta le ofrece resultados.
Recojo mis archivos y los códigos, todo en mi mochila, donde guardo también la esperanza de que algún momento cambie; pero no puedo esperar nada, si hoy por lo menos no lo comparto con ustedes.
Mi respeto y defensa inclaudicable por los judiciales y abogados honestos, trasparentes y comprometidos que son su mayoría, pero mi repudio por aquellas “organizaciones” que dañan la justicia, ofenden la verdad y afectan su propia legitimidad, que de por si no tiene respaldo.
Ojalá haya autoridades de control que se preocupen no solo de analizar los criterios internos, sino los externos, así como existe un gremio que más allá de los festejos sea solidaria y frontal con estos aspectos y nuestra formación.
Reitero mi admiración a la gente buena y bienintencionada, que somos en su mayoría.(O)