En las relaciones personales en general y en las jurídicas en particular, los conflictos y litigios están al orden del día, cuyas motivaciones devienen de las más variadas causas. La solución final a estos conflictos puede producirse de dos maneras; con o sin diálogo de las partes implicadas o, pese a intentar el arreglo de manera amistosa, las partes no se ponen de acuerdo para llegar a una solución pactada. En estos supuestos, ya sea por la falta de diálogo, o por ocultar la existencia del problema o por cualquier otra causa, su resolución dependerá de un tercero.
El arbitraje de derecho los árbitros resuelven fundamentando sus laudos en criterios valorativos, principios de equidad, en las prácticas o usos comunes de la actividad y en el sentido común producto de la experiencia. El arbitraje de derecho implica que los árbitros tomen su decisión empleando las normas jurídicas aplicables al caso. Así en el derecho Colombiano, se manifiesta que el arbitraje en derecho constituye un mecanismo de auténtica sustitución del juez estatal por el arbitral, por cuanto este obra dentro del proceso igual a como lo haría el primero, tanto formal como materialmente, es decir instruye el proceso, practica las pruebas y resuelve el litigio, siempre con sujeción a las reglas de derecho sustantivo y procesal plasmadas en la ley interna de cada Estado.
El arbitraje de equidad implica que los árbitros toman su decisión en base a su leal saber y entender, sin aplicar el derecho. Los árbitros que resuelven en equidad no tienen por qué tener una formación jurídica, sino que pueden ser ingenieros u otro tipo de técnicos con una formación específica en el objeto de la disputa.
El arbitraje en equidad, también se lo ha denominado arbitraje de consciencia. Según el análisis de Fernando de Trazegnies Grand, este no debería constituir una novedad, puesto que se debería recordar que en Roma el arbitraje tenía incluso más de arbitraje de equidad que de derecho pues Cicerón indicaba que era una forma de escapar al rigor de la ley y resolver así la cuestión quantum aequius et melius sit, es decir, en la mejor y más equitativa forma que sea. A su vez, el Derecho Común de la Edad Media reconoce la existencia de un arbitraje ex aequo et bono, en el que el árbitro extrae la conclusión atendiendo a lo que considera bueno y equitativo. En el Derecho moderno el arbitraje de equidad ha sido incorporado en casi todas las legislaciones, con diversos nombres: los franceses lo llaman de “amigables componedores”; otros hablan de “árbitros arbitradores” debido a que gozan de un amplio arbitrio; y también lo llaman “arbitraje de consciencia”.
La equidad no es sino una forma de realizar la justicia y el Derecho tiene como objetivo la realización de la justicia. Por consiguiente, justicia y equidad -e incluso, Derecho y equidad-no son términos opuestos sino que la justicia involucra a la equidad dentro de ciertas circunstancias: la equidad es un momento en la dialéctica de búsqueda de la justicia. Quizá podríamos decir que la justicia es normalmente realizada mediante la aplicación de la ley.(O)

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