La abultada deuda heredada de la década perdida, cuando se consumieron todas las reservas que tenía el país en el fondo FEIREP para situaciones de emergencia, las reservas del IESS, las reservas del Banco Central e inclusive parte de los depósitos de encaje de la banca privada, además de consumir todos los recursos generados por una bonanza nunca soñada del petróleo, asciende a más de setenta mil millones de dólares. Si el país produce $100 mil millones anualmente, ¡esto representa el 70% de los ingresos brutos del año! (PIB).
Adicionalmente, es necesario considerar el COSTO financiero, que en promedio SUPERA 10% anual, es decir sobre SIETE MIL MILLONES de dólares. Finalmente, hay que comprender los plazos que tenemos para pagar estas escandalosas cifras. La deuda de bonos 2020 deberá ser pagada a partir de ese año, empezando con una cuota de $1.500 millones en marzo. Fácilmente, podemos colegir que la escuálida caja fiscal no puede afrontar esos desembolsos de capital, por tanto es indispensable REPROGRAMAR los vencimientos, y de paso tratar de bajar el costo financiero. Esto no es posible hacer unilateralmente.
Para lograrlo, el Gobierno Nacional presentó un programa económico que busca EQUILIBRAR los indicadores económicos, para alcanzar una estabilidad fiscal y un crecimiento paulatino de la economía en su globalidad, el que ha merecido el AVAL del Fondo Monetario Internacional, es decir su confianza en su viabilidad. Con ello, se han comprometido $10.000 millones a largo plazo y bajo costo, que están destinados a fortalecer la dolarización y los programas sociales, especialmente. Además, este aval que significa APOSTARLE al futuro del Ecuador, genera CONFIANZA en los mercados globales, la banca privada internacional y los inversionistas del mundo. Consecuencia de ello es la baja del índice de RIESGO PAÍS, que permite colocar papeles en la bolsa de New York a un costo menor a 10%, en lugar de más de 13%.
El siguiente paso estratégico es actuar AHORA y proponer un REPERFILAMIENTO de la deuda que tenemos, particularmente de bonos del Ecuador que circulan en la Bolsa de Valores. Eso significa colocar una nueva emisión de bonos, pagaderos a mayor plazo (hasta 2029), con menor interés y destinados única y exclusivamente a RECOMPRAR los bonos 2020. Se estima que se comprarán alrededor de 75% de dichos papeles. ¿Que logramos con esto? Tener mayor plazo para pagar la deuda contraída en la década nefasta, que no sirvió para impulsar el desarrollo sostenible, sino para financiar la imperante corrupción. Así, la presión de pagos se aliviará, no necesitaremos sacar recursos para ese propósito y se podrán destinarlos a atender los programas sociales y actividades de desarrollo.
Todo esto no significa que podemos cantar victoria, ni que hemos vencido el estancamiento que pesa sobre nuestra economía desde 2015. Significa que se ponen en orden los cimientos sobre los cuales podemos construir una economía que genere desarrollo sostenible, fuentes de empleo, prosperidad y por ende oportunidades para un número mucho mayor de ecuatorianos, pues apenas 38% de nosotros tenemos un empleo adecuado, lo cual NO genera suficientes ingresos para satisfacer tantas necesidades y aspiraciones de la población.
Las decisiones estratégicas que ha adoptado el Gobierno en materia económica, generan una sensación de que las cosas empiezan a cambiar en la dirección correcta. Falta mucho por hacer, pero la reconstrucción de lo que perdimos bajo el dominio del perverso proyecto político, de los camuflados bajo el socialismo del siglo XXI, no se lo puede hacer de la noche a la mañana. Esta acción debe complementarse con actitudes apropiadas por parte de ciudadanos, empresarios, trabajadores y en general todos los actores políticos, sociales y económicos. ¡ECUADOR ES VIABLE!(O)