En el Ecuador nos aprestamos con expectativa a observar y escuchar un diálogo propuesto por el Ejecutivo a uno de los grupos sociales importantes, se trata de la anunciada reunión del presidente Guillermo Lasso Mendoza y los dirigentes de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, encabezados por Leonidas Iza, máximo dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

El momento que vive el país -entre los factores de producción, el capital y el trabajo-, se encuentra complicado entre las pésimas administraciones de quienes han detentado el Poder Político-Administrativo del Estado en estos últimos años y como consecuencia la actual situación social, política, económica y financiera que hereda el nuevo gobierno a partir de finales de mayo de 2021. Estas relaciones de los factores de producción lamentablemente se encuentran bastante frías y hasta diríamos diametralmente distantes. No existe un vaso comunicante que vaya descifrando la verdadera situación del país y lo haga de conocimiento de las grandes mayorías, puede ser también una excesiva y desmedida preocupación de los problemas de las cámaras  de la producción, cuidando el capital, pero dejando de lado a quienes producen con su trabajo, se agrega un indolencia visible de lo social y de la seguridad social en estos últimos tiempos. Este distanciamiento entre los grupos de representación social-laboral y el Ejecutivo, que representa a la Función Administradora del Estado, se han vuelto antagónicos y podríamos decir que -en los hechos- no son para nada cordiales por este malestar y desequilibrio que enfrenta el gobierno en la relación capital, trabajo y sociedad.

Al Estado le corresponde velar por las buenas y excelentes relaciones que deben existir entre quienes detentan el capital y quienes ponen su fuerza de trabajo, que las humanas  relaciones entre empleadores y trabajadores -tanto en el sector público como en el privado- gocen de armonía a fin de evitar enfrentamientos hostiles que vayan a desestabilizar la administración del Estado, que puedan paralizar  las actividades productivas, tan necesarias para reactivar la economía y creación de empleo. El Estado debe ser conciliador, moderador, controlador, mas no interventor.

El momento que vive la patria requiere de un Ente Administrador parlamentario, de un Ejecutivo que busque entendimientos por voluntad mutua, que sea mediador, en tanto en cuanto no todo lo que plantean los grupos sociales es factible atenderse, ni todas las medidas diseñadas por el gobierno y sus asesores nacionales e internacionales pueden ser implantadas en nuestro país. Esta conciliación, que aspiramos sea materia y objeto de la reunión del 4 de octubre de 2021, podría haberse dado mucho tiempo atrás, y nos hubiésemos evitado tanta expectativa, que de una u otra manera frena las iniciativas privadas y públicas.

La situación socio-económica y política que actualmente vive el país, nos obliga a todos los ecuatorianos a desear que este tipo de reuniones de quienes hacen gobierno con los grupos que forman la denominada población civil, tengan resultados enmarcados en la Constitución y en la Ley, es decir que la Ley Suprema garantice el camino que debe seguir este tipo de diálogos. El marco jurídico-social, laboral y de seguridad social  permitirá a las partes llegar a acuerdos viables de solución de posibles controversias.

El país requiere de acuerdos concretos y permanentes, no tendrá validez alguna este esfuerzo de la administración del Estado, si los temas de discusión obedecen a intereses y agendas de grupo o si los planteamientos pretenden implantar políticas que en otras latitudes diferentes a la nuestra dieron buenos resultados, y peor aún si obedecen sesgadamente a políticas internacionales de organismos de financiamiento internacional. Si el ánimo de las partes es conciliador -como aspiramos que sea-, se podría llegar a acuerdos que sin lesionar derechos individuales y colectivos de la sociedad civil permitan al Ejecutivo cumplir con las aspiraciones de la gran mayoría de ecuatorianos.

Por experiencia docente, estimé siempre que la conciliación es una herramienta de acuerdo social, económico y político, frente al aparecimiento de problemas de disconformidad social  o de actuaciones arbitrarias de los gobiernos de turno. Este desequilibrio social debe ser el eje alrededor del cual debe buscarse la concordia entre los diferentes sectores que conforman el Ecuador de ahora. Que el ánimo moderador sea el que impere en la reunión del 4 de octubre próximo y en otras tantas reuniones que deberá promover el gobierno nacional.