Se dirá que hablar de “riesgo país” es materia sólo para economistas, expertos financieros, analistas interesados o políticos sabios, pero no:  también es del interés de muchos ciudadanos que se preocupan del país y miran diariamente el comportamiento de este importante y sensible indicador. Digo sensible, porque cualquier medida o acción que se adopte, en lo económico o en lo político, puede alterar positiva o negativamente esta medición.

El denominado riesgo país, “es un indicador que mide las probabilidades de que un país incumpla con sus obligaciones financieras, fundamentado en elementos que abarcan más de simplemente lo económico”. Por ejemplo, apenas la Asamblea Nacional rechazó la proforma presupuestaria presentada por el Ejecutivo para lo que queda del año, el riesgo país se alteró: al 29 de septiembre se ubicó en 837 puntos, según el Banco Central, frente a los 796 puntos que registró el 17 del mismo mes.

Un país sobre endeudado sin capacidad de honrar sus deudas tendrá una calificación riesgo país más alta, frente a otro que en cambio tenga mejor ordenadas sus finanzas, a pesar de estar endeudado. Sin embargo, los acontecimientos políticos también inciden en este indicador. Antes de que ganara las elecciones el presidente Lasso, el riesgo país estaba ubicado en 1365 puntos, y, al saberse su triunfo, éste cayó dramáticamente a 712 (corte al 11 de abril de 2021), según publicación regular de la Cámara de Industrias y Producción (CIP).

¿Por qué? Simplemente porque su plan de gobierno estaba enfocado al manejo de la economía de manera responsable y austera; amparada en normas que garanticen seguridad jurídica, alentando la inversión extranjera, es decir, reglas claras para que las empresas y ciudadanos emprendedores puedan realizar sus actividades de manera tranquila en procura de generar trabajo.

Pero este indicador también es un tanto desconcertante al considerar el factor político. ¿Cómo explicar que en Colombia y Perú esta medición se ha mantenido prácticamente inalterable, a pesar de que, el primero, pasó por momentos políticos internos complejos, y, en el segundo, asumió un gobierno que raya en la izquierda extrema? La explicación puede estar en que ambos países han mantenido por años una política económica estable, y sin otros cambios que no sean solamente de estilo que pueden imponer sus gobernantes.

Por ello, se considera al riesgo país un “barómetro de las decisiones del gobierno”, o sea la medición de sus aciertos o desaciertos en el manejo fundamentalmente de la economía, sin perder de vista ciertos acontecimientos que se presentan en un país, que en cierta medida gravitan en este indicador. De ahí lo sensible de sus mediciones, pudiendo devenir en falta de objetividad, por parte de las distintas calificadoras internacionales.

Debemos advertir que este indicador no sólo depende del buen manejo de las cuestiones que dependen del Ejecutivo, sino de la responsable y objetiva actitud y respuesta de las otras funciones del Estado: Legislativa y Judicial.  Abriguemos la esperanza de que este gobierno siga manejando la economía y las finanzas del país con seriedad y responsabilidad, honrando los compromisos adquiridos internacionalmente, para que el riesgo país se ubique en términos que le permitan al Ecuador recibir mayor inversión, que redundará en el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente.