Hay recuerdos imborrables de ilustres maestros y de entrañables y respetados amigos. El día miércoles 16 de febrero de 2022, -entre las 20:00- cercano a cumplir cien años de vida, ha dejado de existir Don Rodrigo Vicente Campaña Escobar. No tuve el honor de ser su alumno –soy un lasallista- pero, si tuve la enorme satisfacción y el más alto honor de ser su amigo. Ahora, que ha decidido ir tras de su amada Lolita, quiero recordar junto a ustedes su paso terrenal. Un señor a carta cabal, formador de la niñez latacungueña desde las entrañas de la mejor escuela -ahora fiscal- Isidro Ayora, regentada en esa época dorada por el Ilustre Municipio de Latacunga. Un hombre que sirvió y laboro para la ciudad y por ende para la provincia, lucho con capacidad y probidad en todas las actividades públicas y privadas que desempeño. Ciudadano de carácter jovial, franco, integro, de honradez acrisolada, ilustrado, de nobleza ilimitada. Vecino del barrio San Francisco y con domicilio cercano a la Escuela San José de los Hermanos de la Salle.
Educador por vocación, llega por merecimientos propios y la aceptación ciudadana a ser Director de la Escuela Municipal Isidro Ayora, ubicándola entre las mejores escuelas de educación primaria de la ciudad, provincia y el país. Casado con Doña Lolita Medina Villacís, virtuoso y ejemplar matrimonio, ejemplo de visión, respeto y concordia. En este momento, los dos están nuevamente juntos, en compañía de su primer vástago Rodrigo. Hombre de incuestionables valores, ciudadano recto, admirado y estimado en todos los ambientes sociales, ejerció la actividad intelectual y en esa condición formo parte de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Cotopaxi. Fue un gran emprendedor y en algún momento monto su pequeña industria.
Deja físicamente este mundo terrenal, y en estas circunstancias -es un privilegio- acordarme junto a ustedes -de este ilustre latacungueño- esto me permite llegar a los cotopaxenses y ecuatorianos para recrear su memoria recordando su gran fervor por la formación de los niños y el gran amor por esta tierra latacungueña y cotopaxense. Los ciudadanos como Rodrigo Vicente Campaña Escobar, jamás pueden ensombrecer, ni siquiera su desaparición física de este mundo terrenal puede opacar sus cien años de servicio a la colectividad. Digamos simplemente que esta clase de ciudadanos seguirán presentes como ejemplo para las proles que continúan. Su paso terrenal es un ejemplo a seguir, una vida digna de comentarse por la intensidad de servicio a la comunidad.
Formó parte de los iniciadores de nuestro querido Diario latacungueño “La Gaceta”, junto al principal ejecutivo Don Rafael Sandoval Pástor, Doña Enriqueta Velasco de Batallas, Lic. Oswaldo Rivera Villavicencio y otros ilustres ciudadanos. Su producción e investigación sobre “Los Caras: Su presencia indudablemente en el pasado de Latacunga”, es a decir de Leonardo Barriga López (Historia de Tacunga y su Provincia Quito-2021-) un estudio de compromiso con la etnografía y la arqueología de la Provincia de Cotopaxi, sobre los orígenes de las migraciones indígenas, de las culturas ancestrales y su dispersión en el tiempo. Dentro de este contexto de investigación que lo entusiasmo, junto a distinguidos maestros como Emiliano Santacruz, Raúl Berrazueta, Mario Argüello y otros tantos que prestigiaron a la Isidro Ayora, constituyó el Museo Arqueológico de esa querida Escuela. Editorialista del Diario La Gaceta y del periódico de la Casa de la Cultura Núcleo de Cotopaxi, en los cuales escribió sobre temas culturales, educativos, de folklore, historia y sobre la educación en general. En el año 2013 edito su libro “Añoranzas”, en el cual rememora las tradiciones de su ciudad y sus gentes.
Diríamos que fallece con la evidencia del deber cumplido ante su familia, la patria chica y la grande, se nos va un gran ser humano, un prestigioso ciudadano. Que su paso terrenal constituya la simiente que anime a los latacungueños y cotopaxenses a la práctica de virtudes cívicas que la patria requiere en estos momentos. Mi abrazo solidario a sus hijos e hijas, a sus yernos, nietos y bisnietos… que Don Rodrigo descanse en paz. (O)