¡Que paaaase el desgraciado! exclamó el tremendo secretario de la tremenda Corte, por pedido del tremendo fiscal, dentro del sonado caso de BALDICIDIO. ¡Oh sorpresa!… el tremendo presunto delincuente Rafael C. no aparece. Un segundo y tercer llamados que retumban hasta el otro lado del charco y nada. De pronto la tremenda juez recibe una llamada de una ex secretaria de Rafael C. que ahora goza de un cargo burocrático internacional al servicio del belga de doble nacionalidad, para comunicarle que el buscado por la justicia se encuentra en su despacho con cara de yo no fui y manifiesta que la mala facha obedece a una urgencia que ha surgido en su casa y no tiene mucho tiempo para ponerse frente a la juez por la vía virtual.
Este prófugo hubiese sido cruelmente linchado mediáticamente en cadena nacional en las sabatinas correistas de adoctrinamiento masivo en la filosofía chavista del socialismo del siglo XXI, dejando pulverizada la vida y familia del reo cobarde que ha huido para no enfrentar a la justicia.
“Me van a acusar que quiero meter las manos en la Justicia, sí voy a meter las manos, pero por el bien del pueblo” fueron las palabras que dieron inicio a la peor pesadilla que ha vivido la República del Ecuador desde que una mayoría de su pueblo fuera hipnotizado por las ofertas demagógicas de una Patria libre y soberana, que a la sombra de la espada de Bolívar, cabalgaba sobre la corrupción soterrada en todas las esferas del Estado. Una mañosa consulta popular se constituyó en arma de asalto a la justicia, que legalizó la inmoral coptación del poder judicial en todos sus niveles.
Siete largos años han debido pasar hasta que el pueblo se reveló y dispuso que el poder ejecutivo saque las manos de la justicia para liberarla de las fuerzas ocultas que impusieron su perverso proyecto político en favor de los apetitos más repugnantes de una numerosa minoría de actores cercanos al poder.
El nombramiento del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio tiene el delicado encargo de “cercenar las manos que han metido en la justicia” por graficar la firmeza con que debe actuar, pues esa forma de corrupción es un cáncer que ha contaminado todos los espacios de ese poder del Estado, que debe actuar de forma autónoma y con total independencia de los otros poderes. El tiempo es corto y el encargo es complejo. La misión es actuar con celeridad pero con justicia. Debe enrumbarse la gestión de fiscales, tribunales, jueces, servidores y todos quienes hacen el poder judicial por el camino de la transparencia y legalidad, dándole a cada quien lo que le corresponde, respetando los derechos y el debido proceso, sin obedecer a presiones de ninguna de las partes.
Todos debemos ser iguales ante la ley. Vamos por buen camino. La primera señal de que “la justicia ya es de todos” deberá ser la imparcialidad con que se lleven los múltiples casos en los que se encontrará involucrado quien es el autor intelectual y material de meter las manos en la justicia, haciendo abuso del permiso que incomprensiblemente le otorgara el pueblo al que engañó con promesas de un paraíso terrenal que solamente tenía cabida para unos cuarenta malandrines y el caudillo. Este horrible pasaje que ha vivido nuestra democracia debe quedar grabado en las páginas negras de nuestra historia para que nunca más exista un ser que tenga la osadía de siquiera proponer algo tan morboso como la metida de mano en la justicia, ni un pueblo ingenuo que cometa el error de permitirlo. ¡SAQUEN LAS MANOS!(O)

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