Los bizcochos en Cayambe, los helados en Salcedo, las cascaritas en Cuenca y los quesos de hoja en Latacunga. La oferta gastronómica de nuestro país es tan variada y deliciosa, que casi cada ciudad se especializa en la preparación de uno o varios platillos típicos. La nostalgia, el gusto y la curiosidad nos motivan a viajar para probar tales manjares en el lugar de origen, de manera que aprovechamos los fines de semana o los largos feriados para hacerlo.
El último feriado fue una grandiosa oportunidad para hacerlo, sin contar con la surtida oferta de actividades a propósito del carnaval donde se incluían desfiles, ferias, concursos y competencias. Cayambe, por ejemplo, por cuarto año consecutivo realizaba la Feria Nacional del Queso, un evento que además de citar a los mejores productores de lácteos del país realizó el queso de hoja más grande del mundo, consagrándose así como la capital láctea del Ecuador.
1.756m de delicioso queso distribuido prolijamente en hojas de achira, espectáculos artísticos, rodeos, diversos expositores y una feria ganadera fueron la combinación perfecta para la llegada de 14 567 visitantes y un movimiento económico de aproximadamente medio millón de dólares.
Cayambe podía haber emprendido un evento relacionado a los bizcochos, pero tuvo la grandiosa y osada iniciativa de elaborar un platillo distinto: el queso de hoja. No es que exista una patente o certificado de autenticidad que formalice a Latacunga como la ciudad de las chugchucaras, hallullas y los quesos de hoja. Sin embargo, hubiera resultado apropiado que nosotros como ciudad de origen hubiéramos tomado la iniciativa. Pero nadie lo hizo y se nos llevaron el queso.
Mientras tanto en Latacunga, durante el feriado nos quedamos con los mismos eventos de siempre: desfile y presentación artística, que más allá de convocar turistas resultan un intento frustrado, carente de originalidad y gracia, en replicar programas de otras ciudades. ¿El resultado? Desperdicio de recursos, un espacio para el irrespeto con los juegos de carioca y agua, suciedad en las calles, daños en los espacios públicos y la determinación de cientos latacungueños en irse a otras ciudades en lugar de mantenerse aquí.
Admitámoslo, nuestra ciudad en un día cualquiera no ofrece motivaciones suficientes para que los turistas permanezcan por más de dos días después de haber visitado el Cotopaxi y el Quilotoa. Con mayor razón durante los feriados, donde incluso los mismos latacungueños salen hacia otros sitios con mejores propuestas.
Es necesario que en nuestra ciudad se generen propuestas innovadoras que permitan el dinamismo económico. Ojalá que hasta que eso suceda no se nos lleven también las chugchucaras y las hallullas.(O)