Uno de los atributos esenciales de la aviación comercial es la seguridad. Toda línea aérea se ocupa por establecer estándares rigurosos para garantizar que sus pasajeros y usuarios en general viajen con certidumbre y confort. De ahí que el aéreo es el más seguro de los medios de transporte. Para el efecto, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la Asociación Internacional de Transporte Aéreo Internacional (IATA) y otros, han establecido normas técnicas para contribuir a este propósito.

Entre estas normas figuran las relativas a los aeropuertos, que indefectiblemente deben cumplir todos los estados de la comunidad aeronáutica internacional y los operadores; éstas exigen características y espacios físicos apropiados, instalaciones especiales, ayudas a la navegación y determinados servicios básicos para ser calificados y habilitados. Esta tarea, corresponde a la Dirección de Aviación Civil del Ecuador (DAC), y, en cada país, a su respectiva autoridad aeronáutica.

En días pasados, la prensa dio cuenta de que una línea aérea, cumpliendo servicios regulares de transporte aéreo de pasajeros entre Quito y Cuenca, no pudo aterrizar una de sus aeronaves en el aeropuerto ‘Mariscal Lamar’, por disposición de la DAC, debido a que no estaba disponible el operador del equipo contra incendios, a cargo del concesionario; servicio básico que debe funcionar permanente y eficientemente para atender eventuales emergencias. Esto aconteció el 23 de mayo último.

Otra situación que también ha llamado la atención -y que mereció el reclamo de organismos que agremian a las líneas aéreas, como la IATA-, es “la situación del suministro de combustible de aviación en algunos aeropuertos internacionales del Ecuador”. En la carta de queja, dirigida a Petroecuador el 12 de mayo último, se alude a que la dependencia de la DAC (Ecuafuel) ya no proveerá directamente el combustible, sino Petroecuador, como consecuencia de un cambio orgánico en la Institución.

En el caso particular del aeropuerto ‘Eloy Alfaro’ de la ciudad de Manta, al no disponer de combustible para proveer a las aeronaves que operan a dicha ciudad, la situación se torna aún más preocupante, dado que éste sirve como alterno del aeropuerto ‘José Joaquín de Olmedo’ de la ciudad de Guayaquil.

La seguridad en aviación es una cuestión no transable, y, por ello, no debe dejarse a la improvisación, irresponsabilidad o dejadez, de quienes están a cargo de proveer los servicios complementarios al transporte aéreo, a fin de que cumpla su importante rol, en pro del desarrollo y conectividad del país. Ya ha sufrido bastante este sector por los efectos de la pandemia y este tipo de situaciones -obviamente manejables y previsibles – solo conspiran en contra de la regularidad y eficiencia de los vuelos.

El gobierno nacional sabrá adoptar todas las medidas necesarias para evitar que el Ecuador, por este tipo de eventos, pierda la categoría 1 en materia de seguridad operacional, que le costó 10 años en recuperarla en 1995, precisamente por no haber cumplido las normas en esta materia. Entre estas y otras cuestiones de control a cargo de la DAC, se requiere que sea reorganizada para estar a tono con los desafíos, amenazas y cambios de la industria del transporte aéreo y la aviación comercial en general. 

Debemos coincidir que la DAC -creada en 1946-, demanda mayor jerarquía institucional, para dejar de ser solamente una entidad de Dirección, para constituirla en una Agencia técnica con suficiente capacidad de gestión y regulación, a más de robustecer su autonomía, tan necesaria en este tipo de entidades de control, como muchos países de la región ya lo han hecho, creando las denominadas Agencias Nacionales de Aviación Civil (ANAC). Lo mencionado, precisamente porque los gobiernos le han dado al transporte aéreo un carácter sustantivo, por lo estratégico, para desarrollar otras actividades, como el turismo, por el efecto multiplicador que provoca en muchas otras actividades económicas, como hoteles, restaurantes, locales de artesanías. Todo esto genera un círculo virtuoso que contribuye al desarrollo del país.(O)