Voy a iniciar con una definición que puede resumir el contenido de este artículo, corrupción: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.
Los niveles de corrupción que hoy estamos viviendo, han lapidado nuestra capacidad de asombro, parecería que es normal que cada 72 horas sea descubierto un nuevo caso de robo a los dineros del estado, desvió de fondos, negligencia en el cumplimiento de funciones no solo públicas sino también privadas. En la década pasada por la existencia de ingresos abundantes por las ventas de petróleo, existió como es lógico entender mayor cantidad de contratos y como consecuencia más casos de corrupción; pero ese no es al final el problema fundamental, lo triste es encontrar que todavía existan ecuatorianos, que defiendan una gestión plagada de sinvergüencería, de abuso, de ocultamiento de información y de engaño a la buena fe de los ciudadanos.
Me pregunto yo, aquellos defensores no les duele el alma saber que cientos de millones de dólares fueron robados; en ese dinero están: nuestros impuestos que año tras año pagamos al servicio de rentas internas, está nuestro tiempo que lo utilizamos para producir y ejercer nuestras funciones, esta el tiempo que dejamos de pasar con nuestra familia.
Pero el descaro llegó a grado superlativo cuando ustedes recordarán, los espacios publicitarios en donde mencionaban que todos somos médicos, ingenieros, arquitectos, etc. pues con nuestro aporte mejoramos nuestro futuro, ahí precisamente estaba la doble moral que pregonaban, pero en sentido inverso, hablaban de honestidad mientras timaban nuestro patrimonio familiar, de ciudad, de provincia y de país.
Y no salgo del asombro al ver que apareció un nuevo actor en la escena política que nos rememora todo el pasado y nos vuelve a enseñar:

  1. Que hay que mentir y olvidar lo que somos para inscribirse en una candidatura.
  2. Que hay que forjar documentos.
  3. Que hay que victimizarse.
  4. Y que hay que montar un show y cantar.
    Y digo será enfermedad pues no encuentro otra razón, que me permita explicar, como se puede defender toda la podredumbre que significó, la década pasada. Por esta razón voy a describir esto que considero una patología y la voy a definir como trastorno del espectro delincuencial, con somatización de sentirse socialista para poder disfrutar de un buen vino, fumar un tabaco en pipa y vestir casimir inglés. Y cuales son los signos y síntomas de este síndrome voy a dividir en criterios mayores y menores:
    Criterios mayores:
  5. Sentirse dueño de la verdad.
  6. Pensar que son la reencarnación del che Guevara.
  7. Defender el sistema exitoso económico de Venezuela y Cuba.
  8. Odiar a los capitalistas, pero ojo, tratar de vivir como ellos.
  9. Odiar a los Estados Unidos de Norteamérica
    Criterios menores:
  10. Sentirse feliz de defender al caudillo.
  11. Sentir que todos sus coidearios son perseguidos políticos y que están en la cárcel por odio.
  12. Saber cantar la espada de Bolívar.
  13. Vestir sus colores de turno.
  14. Amenazar con dispararse si se les acusa de robo.
    Si usted tiene tres criterios mayores y uno menor, o uno mayor y tres menores considérese, que padece el trastorno arriba mencionado, para este diagnóstico no se requiere ningún examen de laboratorio o imagen, me olvidaba un signo patognomónico (entiéndase no puede faltar) de esta enfermedad es no tener sangre en la cara.
    Tratamiento: tratar de vivir el socialismo a plenitud, para lo cual le sugerimos trasladar su residencia a las hermanas repúblicas de Venezuela y Cuba, si luego de un año no hay resolución del cuadro puede permanecer permanentemente, caso contrario puede regresar a mi lindo Ecuador.
    Después de este breve análisis llego a la conclusión que si puede ser una enfermedad que se cura con trabajo, emprendimiento y educación, que le mantiene la mente y el tiempo ocupado generando riqueza para el país.(O)