‘SERVICIOS DE CORTESÍA’

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– Por estos días ya se están moviendo las frutas para las elecciones de los gobiernos seccionales, y no es la excepción en la provincia de los panzaleos y cantón de Tacunga; se ha despertado un fervor patriótico de participación como en ninguna época. Se argumenta que hay que cambiar de autoridades, principalmente de la cabecera provincial, y se nota la decepción de los ciudadanos por las malas designaciones, por lo que están dispuestos a promocionar a caballeros que estén lejos de los ‘servicios de cortesía’. La intención es buena, ojalá no reelijan o ayuden a los mismos que han defraudado al pueblo; aunque -diciendo la verdad- algunos intrépidos habitantes seguirán apoyando al impúdico con la perorata de que “roba, pero hace obras”.
– Un ocurrido me propone insistentemente y sin darme tiempo a respirar -conociendo que ‘saboreo’ la acción política-, a que sea candidato en las próximas elecciones para Alcalde. Con fastidio le respondo: “-qué le pasa hombre, acaso cree que tengo alma de ‘hotelero’, y además, soy agrio y ‘nadies’ ha de votar por mí, pues conmigo no operan los ‘servicios de cortesía’-. Casi me va dando con el mismo fastidio.
– Los sabios de la Grecia ecuatorianos, desde que se hicieron revolucionarios, se mandan unas que para qué les cuento, pero como me toca soltarles la plena, ahí les va un ladrillazo: que el soborno a la criolla ahora se lo denomina ‘propina’, como lo describió el que se fue corriendo a Bélgica cuando afanosamente pretendía tapar a su exministro, aduciendo que “un Ministro de Estado está en libertad de hacer consultoría”.
– El soborno es la gratificación con que se compra o seduce a una persona para que agilice algún trámite o perdone alguna infracción o delito. Ejemplos: “me quisieron hacer una multa por exceso de velocidad pero el agente de tránsito me perdonó a cambio de una coima” o “que el tío reciba USD 5.7 millones por el contacto con los chinos y USD 1 millón de la constructora Odebrecht, por constituirse en el nexo de esta empresa para que hagan negocios con instituciones estatales por debajito”.
– El cohecho, según el artículo 280 del COIP, es el delito que comete el servidor público que reciba o acepte, por sí o por interpuesta persona, beneficios económicos indebidos o de otra clase para sí o un tercero, sea para hacer, omitir, agilitar, retardar o condicionar cuestiones relativas a sus funciones. En el artículo 281 del mismo Código, se establece que el delito de concusión se comete cuando el servidor público abusa de su cargo o función y por sí o por medio de terceros ordena o exige la entrega de derechos, cuotas, contribuciones, rentas, intereses, sueldos o gratificaciones no debidas. Aclaremos: cohecho cuando recibe o acepta, concusión, cuando ordena o exige. Lo habitual ha sido que esta orden o exigencia desde hace unos diez años se la ha hecho a través de terceros (tíos y perros incluidos), por lo que la concusión ha estado bramando, a pesar de que nos siguen embutiendo la cantaleta de que son honestos, de  manos limpias, creyéndonos shunshos, y con sus leguleyadas tapan todo intento de juzgamiento a las cabezas de esta delincuencia organizada, de la que no fue ajeno aquél que en todos los tonos y en todos los escenarios juró y perjuró que eran ‘acuerdos entre privados’ o simples ‘propinas’ dadas por la empresa generosa que compartía las ganancias sin perjudicar al Estado. ¿Sin perjudicar al Estado? ¿Y de dónde salían las propinas sino de los sobreprecios y contratos adicionales de las obras?
– Ahora nos saldrán a decir que las travesuras del tío no tienen carácter de función pública porque él no es funcionario público -lo que es cierto-, y que lo máximo que ha cometido por el ‘servicio de cortesía’ es una infracción tributaria, por tratarse de un acuerdo entre particulares (más parezco abogado del tío defendiendo hipótesis que mañana serán aciertos de algunos talibanes correístas).
– En la provincia panzalea y en tierra de Tacunga, también hay de ‘aquellitos’ que practican el ‘servicio de cortesía’. Son conocidos: desde el cuentero que ladra vendiendo puestos públicos -y después está corrido por no cumplir-, hasta el testaferro que limpia los lingotes de oro del jefe poniéndoles a su nombre. Pero lo mal habido el diablo se lo lleva, y sabemos de buena tinta que los ‘testa’ ahora ya nos les quieren devolver los bienes que se pusieron a sus nombres; ‘bienhechito’ dirá el pueblo en este momento, pero mañana seguirá votando por el shugua. La cleptocracia (clepto: robo; cratos: gobierno; gobierno de los que roban) se ha instituido en la Patria. Cumplieron eso de “que nos roben todo, menos la esperanza”. No se robaron La Esperanza, porque está más abajo de Pilaló.

Hasta lo próxima parada, donde me deje el Tren Bala(O)

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