La clase política que nos gobierna, por “decisión mayoritaria democrática” del pueblo ecuatoriano, nos está llevando en la dirección contraria al desarrollo sustentable y sostenible, así como alejada de una mejor calidad de vida. Son una minúscula minoría de “predestinados” cuyo mayor e indiscutible mérito es la capacidad de convencer a una mayoría de electores, que sus recetas y desinteresada voluntad de sacrificarse por el servicio público, son la mejor opción. Las campañas son un derroche de ofertas de todo tipo, acompañadas de cariñosas demostraciones que enternecen hasta niños y adultos mayores.
La cosa cambia cuando acceden al poder. Las sonrisas y juramento de defender los intereses del pueblo, quedan archivados hasta la siguiente elección, en que serán corregidos y aumentados. Se transforman en seres con un agudo sentido para identificar lo que les conviene políticamente, eso significa hacer las cosas que les dan buena imagen, añorada para perennizarse en el poder. Las decisiones se toman mirando a los parroquianos, para entender lo que será aceptado o rechazado, salvo casos en que la corrupción les desvía del camino de la demagogia (ofrecer lo que quiere escuchar el pueblo, aunque saben que no se cumplirá).
La tan mentada “Participación Ciudadana” que consagra la Constitución, la Ley de Participación Ciudadana y el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, Autonomía y Descentralización “COOTAD”, se limita a un ejercicio de burda utilización de los ciudadanos, que únicamente son convocados cuando la tramitología pública exige demostración de haber “sociabilizado” con sus mandantes. Basta con estampar la firma del mayor número de feligreses, que inocentemente se acercan, motivados por otras promesas, para satisfacer el requisito y legitimar la decisión de los ungidos.
El uso de la Silla Vacía, es un mecanismo de Participación Ciudadana. El Cabildo Municipal de Latacunga promulgó en el año 2011, en administración del Arquitecto Rodrigo Espín, la Ordenanza para el funcionamiento de la Silla Vacía. El COOTAD establece que el ejercicio de este mecanismo se regirá por la ley y las normas establecidas por el respectivo ente seccional. No olvidemos que la Ley está por sobre una Ordenanza, que es una ley de ámbito cantonal. Esta Ordenanza establece una PERLA cultivada con las artimañas políticas, para anularla: “Si existiera una sola inscripción para ocupar la silla sobre un tema en particular, la participación ciudadana será únicamente con voz.”
La Ley de Participación Ciudadana establece que “La persona acreditada que participe en los debates y en la toma de decisiones lo hará con voz y voto”. ¿Dónde queda esta disposición de ley superior que no puede ser modificada por una Ordenanza cantonal? Este mamotreto político es una burla de la Participación Ciudadana y conculca el Derecho de los ciudadanos en el Concejo Cantonal de Latacunga.
Así es como se anuló el Derecho al voto ciudadano, en la penosa sesión del Concejo Cantonal de Latacunga, en el segundo debate de la Ordenanza que establece nuevas tasas por recolección de basura, que sustituye a la reprochable Ordenanza aprobada en la administración Sánchez para cobrar indebidamente “uno y dos dolaritos” a los ciudadanos que tienen un medidor de luz. La participación ciudadana fue cercenada del Derecho al VOTO y a formular mociones. Lo cual resultó conveniente a la mayoría que, a pesar de las múltiples ilegalidades del proyecto, que fueran demostradas, y la ausencia de costos de producción contables que son el límite de cobro que establece la ley, optaron por acoger las anti técnicas tarifas que permitirán recibir a EPAGAL valores superiores al costo del servicio ¡que incluye un relleno sanitario inexistente! ¿Hasta cuándo Padre Almeida?(O)