Los hechos registrados en todo el territorio nacional y especialmente en la capital con la supuesta ocupación pacífica de la Casa de La Cultura y del emblemático parque de El Arbolito, demostraron que el diálogo es una ficción y que el objetivo último de este desastre es la convulsión social con otros fines antidemocráticos.
El líder de este levantamiento debe asumir la responsabilidad de los hechos atizados por su discurso revolucionario y reivindicativo que ha causado enormes pérdidas a todo el Ecuador y especialmente a los más necesitados, a los campesinos que viven el día a día de la comercialización de sus productos y que no han podido ejercer su derecho  porque son castigados brutalmente por los líderes locales de la paralización que ejercen un poder perverso contra sus propios hermanos.
El bloque correista de la Asamblea despejó las sospechas que se tejían en el ambiente desde hace días, el pedido de destitución del Presidente de la República. Como pintan los acontecimientos,  el Movimiento Indígena le sirvió de plataforma a UNES que siempre estuvo listo para pescar a río revuelto.