El día martes 17 de marzo del presente año del Señor, las autoridades ecuatorianas encabezadas por Lenín -el criollo-, pues el otro Lenin, el bolchevique, es el dios de los engrupidos del tufo llamado Siglo XXI, y la María Paula que sin haber ganado elecciones co-gobierna con su Ruptura de los 25, al unísono cual Pavarotti en Do Mayor advirtieron: “dentren para adentro”, viene Correa, ¡qué bruto!, estoy irritable por lo del cora y, de tanto verle en las redes a Mefistófeles me salen pendejadas, aclaro, por el honor a San Cipriano, santo a quien adoran los revolucionarios de las manos limpias, las mentes lúcidas y los corazones ardientes, puesto que su varita donde toca sale oro y plata (del erario nacional), se derriten de espanto los morenistas, lasistas, nebotsistas, banqueros, pachas y chinos, solo de pensar que puede regresar Lucifer, se les revuelve los huevos a la copa; es que el Man sí es de terror, sin estar presente y desde el ático con sus faustos les hace orinar en los calzones. Con este demonio sí cunde el pánico, pese a que llevan en sus cuellos impregnada la cruz de la Fiscalía y ajos para espantar sapos, ‘estico’ no se asusta con nada, es una verdadera peste.

El relato que les cuento, como el cuento de la ministra Andramuño, que ya se ‘jue juyendo’ haciendo fieros después de haber comido del mismo plato, es que han pasado varios días más del presente relato sin ver la luz, no conozco la vereda de la calle de mi casa, si salgo me puedo perder pues estoy desorientado, no sé si es lunes o sábado, mas me dicen que tengo que quedarme escondido para que no me caiga el coronavirus, que parece es una amiga nueva de mi mujer, de esas que aparecen en el tal ‘feisbu’ y de la noche a la mañana son unas aconsejadoras; esa señora -de nombre Corona y de apellido Virus- se ha complotado con mi cónyuge sobreviviente junto al Lenín, la María Paula y la Ocles para no permitirme salir a ver a mis parceros inconstantes en el tinto y, encima, aduce mi consorte que no deje por nada la casa pues a mi edad esa Corona me puede llevar; ahí me ponga a dudar, ¡quespes!, qué le pasa, ¡también a ella le está volviendo loca el encierro!, cediéndome a otra mujer; al escuchar que hablaba solito y en voz alta dándome la vuelta en el patio como trompo en el mismo puesto, tal le sacan al Capaya solo a tomar sol un ratito, impresionada me dice: ¡ve Lucho, qué te pasa!, de un solo sacudón vuelvo a la realidad, claro, me doy cuenta de que estoy escondido en mi caletita para que no entre la pandemia que nació en la ciudad de Wuhan, China, llamada coronavirus o covid-19 que está arrasando con la vida y la salud de los humanos en el mundo entero, con la única esperanza de que todo lo que viene de la China es mal hecho y se acaba rápido, ¡ojalá!

Como decía, han pasado más de diez días y créanme, no les miento, les debe estar pasando lo mismo que a mí, varones de cojones grandes, -qué chistoso-, a estas alturas del miedo deben haberse achicado tal si fueran pasas, es que estoy encariñándome más con mi carcelera, ¡qué sucede!, los nervios me traicionan, le estoy viendo a mi mujercita como si fuera celadora y yo una PPL, algo me debe estar atravesando por la cabeza; me puse tan inquieto que por teléfono -única vía de comunicación- puede contactarme con mi migo Chamo, quien sin dolor y de una me dijo: “tú debes estar con el Síndrome de Estocolmo”, aturdido me cerró el teléfono sin darme chance a preguntar nada, me interrogué: ¿seguramente estará pasando igual?, pues agitado -en lo que sobra de tiempo- entro a escudriñar en el Rincón del Vago, lugar donde preparó la graduación el Glas con las más altas calificaciones y Honoris Causa como su jefe y, llegó la contestación, Síndrome de Estocolmo: “trastorno psicológico temporal en el que la víctima del secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador, mostrándose comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores, e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada”. ¡Elé! ¡Esa cosa ha sido!, con razón que sin chistar obedientemente lavo los platos, barro y cocino. Creí que ya estaba a punto de irme a Conocoto a conversar con ustedes.

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala.(O)