El gobierno atribuye al crecimiento exponencial de la violencia, a las acciones adoptadas en contra del narcotráfico y crimen organizado, al haber logrado incautar, como nunca antes, una gran cantidad de droga. Si, puede ser, dado que toda acción genera una reacción. Lo cierto es que el estado, llamado a dar seguridad a la ciudadanía, está sobrepasado por las bandas y mafias. La policía sin capacidad de efectiva reacción por falta de medios y temerosa de que los organismos de derechos humanos finalmente los persiga, señalándolos como abusivos y fascistas represores. 

Otra vez apeló al estado de excepción para tres provincias (Guayas, Esmeraldas y Santo Domingo de los Tsáchilas), atento a los desenfrenados, demenciales y feroces actos delincuenciales cometidos. Desde la vereda gubernamental se manifiesta que están dando resultado las medidas adoptadas e incluso destacan que el propio Presidente de la República lidera las acciones policiales y militares. En esta tarea de combate al crimen transnacional lo acompañan varios gobiernos como Estados Unidos de América, Israel y la Comunidad Europea. ¡La cooperación internacional a la que se está acudiendo es básica!

Penosamente en el país no hay pronunciamientos concordantes de ciertas bancadas políticas que se desatienden del problema y más bien quieren aprovecharse de la situación, para pescar a río revuelto y alzarse con el poder. Muchos han calificado esta posición -y coincido-, como un acto m i s e r a b l e. Lo grave de esto es que la gente, hastiada de tanta violencia, quiere soluciones drásticas compatibles con estos hechos: empieza a mira al joven presidente de El Salvador, Nayib Armando Bukele, quien ha defendido ardorosamente su posición incluso en el seno de Naciones Unidas. 

Criticado por muchos, ostenta un altísimo porcentaje de apoyo, debido a su firme e indeclinable determinación en contra de la delincuencia y el crimen organizado que tenía secuestrada a la sociedad salvadoreña. La “solución Bukele” ya se está oyendo en varios países de la región como la mágica respuesta ante tanto desenfreno, criminalidad y desorden, en respuesta a los poderes constituidos que no proveen de las herramientas legales que permita a la policía y militares combatir decidida y efectivamente. Esta es la esencia y la razón del problema.

No obstante, es necesario que se actúe con cabeza fría, astucia e inteligencia y no con extremismos que más bien alientan más violencia. Pero el ejemplo de la “solución Bukele” es bien traído para buscar un método alternativo, apropiado a las circunstancias, que permita controlar, minimizar el avance de la criminalidad y el terrorismo en el país. El uso legítimo de la fuerza es la clave, sumado obviamente al irrestricto respaldo a la policía y FF.AA.  para que no sean luego sujetos a sanciones penales por actuar en base a sus atribuciones. Hay que tener presente que el estado es el único que dispone del monopolio del uso de las armas.

Si la Asamblea hubiese tenido el más mínimo sentido de responsabilidad para con la sociedad ecuatoriana -harta y aterrorizada-, debió oportunamente considerar las propuestas del ejecutivo, para dar viabilidad a la ley de uso de las armas a la policía y militares, sin condicionamientos absurdos y tramposos: esperar que el delincuente tome la iniciativa para actuar es un absurdo. No permitamos que se siga apelando a los Derechos Humanos para enervar a la policía, agotando las bases y su razón de existir como institución republicana. ¡Eso es lo que quieren los enemigos del país y de la democracia, cegados por su visión politiquera!

El lunes 7 de noviembre, la Asamblea presionada por la sociedad se reunió para tratar la cuestión de la inseguridad, y, como era de esperarse, salió con declaraciones y resoluciones carentes de efectividad. Lo que se esperaba era que se compadezca de la gente, comprenda que tienen un rol que cumplir, pondere en su justa dimensión la realidad que afronta la sociedad y priorice su agenda en temas sensibles; en otras palabras, que se deje de actuar demagógicamente y defina en que vereda de la historia mismo se encuentra: o al lado de la gente, de la Patria y de su futuro, o de la conspiración y defensa de los derechos humanos de los delincuentes y terroristas. (O)