A través de nuestra formación académica, hemos aprendido historias interesantes con tintes de verdad y un poco de fantasía. Pero en ese largo camino de aprendizaje que a veces en las aulas se volvía tedioso ¿Cómo se nos presenta al poder?, y aquellos que lo ostentan, ¿Cómo han terminado?
A mi mente viene mi madre, que hoy más que nunca la extraño, ella tan sabia siempre repite que: “El poder es efímero y que hay que andar con los pies en la tierra”. Tal vez a muchos personajes de la historia mundial les habría venido bien tener estas palabras muy presentes en su actuar.
Un claro ejemplo y conocido por todos, fue el régimen nazi que tenía en su cabeza a Adolf Hitler, que bajo su rúbrica lleva millones de muertes de la manera más cruel, despiadada y minuciosamente organizada que se pueda contemplar. Fue un político con altas aspiraciones que lejos de generar desarrollo para su población se convirtió en el creador de la cruz que Alemania lleva a cuestas hasta nuestros tiempos. Todos los crímenes que se cometieron tuvieron objetivos diversos y muy discutidos por los historiadores, pero de lo que estoy segura, es que para alcanzarlos se tuvieron que sacrificar derechos de seres humanos e inclusive el mismo Hitler, terminó con su vida.
Muammar Gadafi, en 1969 llega al poder en Libia tras un golpe de Estado que lo mantuvo liderando durante cuarenta años, que en principio fueron fructíferos, generando desarrollo económico, educativo, político y social. Lastimosamente, como todo régimen que no respeta en principio de alternabilidad, fue condenado al fracaso, y como consecuencia de ello muchas personas disidentes al régimen perdieron su vida en una guerra que destruyó Libia, se manejaban de manera errada los ingresos, se cosificó a la mujer utilizándola para satisfacer las necesidades sexuales aberrantes propias de Gadafi y su entorno. ¿Cómo terminó Gadafi? Fue asesinado por rebeldes, e inclusive se le aperturó un proceso ante la Corte Penal Internacional, que no prosperó por su muerte, pero persiste para su hijo Saif Al Islam Gadafi.
En Latinoamérica, se vivió una crisis similar en varios países de la región: Perú con Fujimori, Chile con Pinochet, Jorge Videla en Argentina y otros casos similares que se pueden mencionar. Pues bien, lo que cabe ahora es identificar patrones similares que saltan a la vista en cada uno de los casos propuestos.
Primero y el eje central se encuentra en que son situaciones asociadas con el poder político, segundo que empezaron con ideales de libertad y cambio para las naciones que estaban representando pero que al transcurrir el tiempo se fueron degenerando en intereses personales y tercero, que provocaron un alto índice de violaciones a los derechos humanos.
Como líderes y estrategas, estas personas, responden a una formación particular que es evidentemente el impulso que los lleva a ejecutar sus actos, pero un verdadero líder no es quien actúa en base a golpes aleatorios. En el libro denominado “El arte de la guerra” escrito por Sun Tzu sobre estrategia militar, es en mi criterio, un libro para la vida. Ya que, si bien es cierto utiliza términos como campo de batalla, fuerzas enemigas, y demás palabras relacionadas con posibles conflictos bélicos, va más allá. ¿Qué mejor ejemplo de conflicto, que el de un ser humano luchando con su propio ser? ¿Quién no ha luchado día a día con la situación más compleja y simple a la vez?
Este estratega dentro de los consejos que reproduce en su obra, dice que hay que conocer al enemigo, y que la fuerza no debe estar representada en su uso físico, sino mentalmente responsable. Por tanto, el buen líder es estratega de acciones positivas.
El Ecuador, no es un país que se aleje a la realidad de los países hermanos. ¡Quien no conoce el régimen al mando de León Febres Cordero! Las calles de nuestro país llenas de manifestantes y el Palacio de Carondelet adornado con las lágrimas de la madre de los hermanos Restrepo. Pero no todo ha quedado ahí. Las páginas que nos restan documentar como sociedad son las escritas con la década pasada, que reconozco, como joven profesional me dio la oportunidad de trabajar en dos entes gubernamentales, pero también me enseñó que las formas de violencia han cambiado, que la opresión juega un rol preponderante y se ejecuta a través de la mente.
Hace unos días el ciudadano Rafael Correa Delgado manifestó -de manera común en él y acorde a su desgastada humanidad-, ciertas relaciones desacertadas entre la discapacidad del Presidente de la República, Lenín Moreno y su posible amargura. Tan solo el hecho de escudar un comentario personal con la desdicha de otro ya deja mucho que desear de una persona, a esto si le añadimos la cantidad de comentarios denigrantes que el ciudadano Correa ha manifestado durante su mandato, podemos ver reflejado que de la historia no aprendió nada, a Sun Tzu lo confunde con una marca de electrodomésticos y que diez años de poder no solo le hicieron perder su rumbo, sino que también le generaron un grave cansancio mental. (O)

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