El 2021 ha pasado a la historia, segundo año de duras lecciones de vida, llega el 2022 cargado de incertidumbres, pero con la firme esperanza de que sea el último de una pandemia que nos cambió a todos, dejándonos lecciones que esperemos sirvan para corregir errores y convertirnos en mejores seres humanos.

Un amigo me envió una interesante reflexión, que aún cuando no sepa quien es el autor, considero resume las peripecias que todos hemos tenido que atravesar en estos dos últimos años, y por eso me animo a compartirla íntegramente con mis estimados lectores:

Diciembre es como el domingo del año, pero este diciembre parece el domingo de un siglo. Fue un año largo, pero se nos pasó rápido, fue terrible, pero aprendimos y nos hicimos fuertes, fue de un aislamiento parcial, pero estuvimos más cerca que nunca.

Tuvimos miedo, angustia, broncas, dolor, incertidumbre. Estuvimos perplejos, incrédulos, asustados, enojados. Lloramos, aplaudimos, gritamos, nos ayudamos.

Enterramos a nuestros muertos sin velorio. Los despedimos en silencio. Crecimos.

Aprendimos de epidemiología, tecnología, virología. Supimos de anticuerpos, curvas y PCR, también de Meet, Team, Instagram Live y Zoom.

Nunca nos pasó tanto en tan poco tiempo. ¡¡¡¡Y aquí estamos!!!!

Somos sobrevivientes de un tiempo que nos estalló en la cara.

Es diciembre y tenemos derecho a emocionarnos, a llorar, a abrazarnos en silencio por tantos abrazos que no nos dimos, a besarnos con el alma, a acariciarnos con las miradas.

Y saben… vamos a celebrar más que nunca. Porque ahora sabemos lo que el tiempo vale, lo que significa abrir los ojos cada mañana.

Estamos llegando al final y éste solo es el principio. Porque este año nos ha hecho despertar y por eso no fue un año perdido. Si lo sabemos ver de ese modo, habremos ganado más que nunca.

Así que este diciembre tenemos que pensar en algo más importante que los turrones y los arbolitos. Corramos a expresarles el amor a los seres que queremos, salgamos a pedir perdón a los que herimos, miremos alrededor para ayudar a los que se quedaron en el camino. Y no perdamos tiempo, seamos mejores. El nuevo mundo nos necesita unidos para seguir avanzando y para amar la vida más que nunca.

Recorramos el nuevo año unidos por ideales solidarios y de enorme responsabilidad social, dejemos atrás egoísmos e individualismos y apoyémonos para superar las dificultades, reforcemos los lazos familiares y de amistad, esforcémonos en cada día ser mejores seres humanos.

Aprendamos a vivir, quitándonos el estrés de una sociedad consumista que valora a las personas por lo que tienen y no por lo que son, disfrutemos de las cosas sencillas que no tienen valor económico, la amistad sincera, el amor, la sinceridad, la compañía, la música, la danza y todas las bellas artes, la tranquila y límpida libertad del campo y sus caprichosos paisajes, los frescos amaneceres, los bucólicos atardeceres, las románticas noches cobijados por el inmenso universo repleto de estrellas.

Al finalizar el primer artículo del 2022, envío a todos quienes tienen la paciencia de leer mi columna mis mejores deseos de felicidad, salud y bienestar. (O)