Que este tiempo de confinamiento eleve el espíritu humano, que no creamos que, porque estamos en casa, no podemos ayudar a quienes lo necesitan. En estos tiempos de enormes avances tecnológicos no hay excusas para no estar comunicados con los que más lo necesitan.

Así como la conectividad entre diversos grupos familiares o laborales se ha incrementado de manera inimaginable. Hay muchos seres humanos que durante este tiempo se han sentido extremadamente solos.

A veces, en el egoísmo de nuestros pensamientos personalistas posponemos hacer una llamada, porque consideramos que no es realmente importante; pero si nos ponemos en los zapatos del otro descubriremos que nuestra presencia, nuestra voz, tienen un valor incalculable.

Como decía San Francisco hay que hacer lo necesario, luego lo posible y se terminará haciendo lo imposible. Tal vez una llamada haga el cambio en un ser humano que lo necesita.

Las redes de ayuda dan cuenta permanente de mujeres y niños que son sometidos a violencia intrafamiliar. De ancianos que han tenido que vivir en extrema soledad este tiempo histórico de aislamiento. De enfermos catastróficos que por temor al contagio o falta de recursos no han salido a recibir sus tratamientos.

Este tiempo de confinamiento dejará muchas lecciones; pero es necesario que cuando se cuente esta historia, no se diga que nuestra generación se encerró en sí misma y no dio aliento a quien lo necesitó con desesperación.(O)