Ecuador ingresó al club de países exportadores de petróleo en 1972, lo que motivó en los ecuatorianos la convicción de tener derecho a recibir combustibles a precio ‘de huevo’, con la complaciente y dadivosa respuesta de los gobiernos que -sin excepción- han preferido congraciarse con el electorado y dejar que las cosas sigan su curso. Estos subsidios indiscriminados al diésel y gasolina, han crecido descontroladamente en estos 47 años, debido a la elevación del precio internacional del petróleo y por otro lado la creciente demanda de un parque automotor imparable de enormes dimensiones, con motores de baja eficiencia y alto consumo.
Algunos optimistas sugerirán que el petróleo es nuestro y por tanto no tiene el precio internacional, pero de manera objetiva, se calcula el ‘costo de oportunidad’, es decir lo que deja de recibir el país por cada barril de petróleo que consumimos, reduciendo la exportación. Por tanto, el costo es equivalente a importar petróleo.
Por casi medio siglo, los sufridos habitantes de la República del banano, hemos gozado del privilegio de llenar el tanque con la ayuda de los 17 millones de ecuatorianos, muchos de ellos con ingresos por debajo del nivel de pobreza, pues el dinero para subsidiarnos sale del presupuesto nacional, dejando de atender otras necesidades como salud, seguridad y educación. A tal punto, que si alguien pretende tocar ese ‘derecho’ estamos dispuestos a que ‘arda Troya’ para defender este tesoro que se nos quiere arrebatar.
¿Acaso no deberían ser los seres más necesitados, quienes levanten su silenciosa voz de protesta en contra de los ‘privilegiados’ que se han apoderado de la friolera suma de MÁS DE UN MIL TRESCIENTOS MILLONES DE DÓLARES, para llenar sus tanques y proteger su bolsillo, postergando por casi 50 años la solución sostenible del entorno económico y social del Ecuador, para que puedan superarse por su propio esfuerzo en buena salud y con educación?
Aquella masiva población que busca alcanzar los mínimos estándares de calidad de vida -llamada ‘mayoría silenciosa’- ha sido víctima de las ‘minorías bulliciosas’ que han cogobernado con todos los gobiernos de turno, por medio de la presión social bajo su hegemonía, para mantener canonjías discriminatorias, que no están dispuestos a ceder. Estos se han convertido en la clase NEO CONSERVADORA, defendiendo con toda su capacidad de manipulación de la clase política, lo que “con tanto sacrificio han conseguido”.
Si seguimos haciendo lo que hemos hecho por décadas, los resultados serán indefectiblemente los mismos, y no hay duda de que la inmensa mayoría de conciudadanos no estamos de acuerdo con seguir vegetando en un país que tiene mucho potencial para desarrollarse, creando oportunidades para todos.
Por tanto, necesitamos cambiar las estructuras perversas que nos impusieron los populistas que buscaban nuestro voto. Debemos afectar los cimientos de nuestra frágil economía para cambiar el futuro. De lo contrario, basta extrapolar los resultados obtenidos para saber que una década más tarde nos seguiremos quejando de los mismos males con otros ‘culpables’. Vivimos en un país de gente honesta, salvo penosas excepciones por todos conocidas, que queremos salir adelante por nuestro propio esfuerzo. No buscamos dádivas ni un Estado paternalista que pague nuestras cuentas, que además nunca podrá satisfacer a todos.
El petróleo tiene un alto precio en el mundo y eso nos beneficia por ser exportadores. Mas, si utilizamos para nuestro consumo, debemos pagar de nuestro bolsillo lo que vale, salvo pocas excepciones como el transporte público para favorecer a quienes no tienen ingresos para hacerlo. El Estado, que ES DE TODOS, ya no puede seguir pagando el combustible que nosotros consumimos, con impuestos ni empréstitos. ¡CAMBIEMOS EL RUMBO DEL PAÍS!(O)