Hace cincuenta años el activista por los derechos civiles Martin Luther King fue asesinado por un racista en Menphis. Pasa a la historia por su lucha pacífica, por su predicación profunda basada en la búsqueda de igualdad a través de la no violencia.
En 1963 protagonizó una de las manifestaciones más importantes realizadas en EEUU, cuando reunió a miles de personas en Washington y dio su famoso discurso, Tengo un sueño, del que transcribimos una parte:

…Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad…
…¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron…

Cincuenta años después debemos meditar en la vigencia de estas palabras, que salen del espectro de la realidad de una nación para convertirse en algo universal.
Nuestra propia realidad impone que veamos con ojos más humanos, más generosos y más libres la situación de miles de personas que claman por mejores condiciones para poder llevar adelante un vida digna.
El estado de naciones como la nuestra, donde a pesar de vivir en sistemas democráticos y con muchas posibilidades por la gran cantidad de recursos que que poseen, ciertas convicciones políticas y filosóficas extremas han hecho que retrocedamos en el tiempo y que el gran sueño de la igualdad quede postergado porque un grupo insignificante sin pudor alguno trabajó para enriquecerse descaradamente y se agarra al poder con las uñas sin importar que miles de personas esperan un verdadero cambio.
Que algún día, como el sueño de Luther King, nosotros también podamos transformar el discordante sonido de nuestra nación herida por la corrupción, en una hermosa sinfonía de fraternidad, donde la verdad, la honestidad y la justicia primen sobre todo ciudadano. (O)

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