La destrucción y muerte que dejó la explosión en Cristo del Consuelo, el pasado fin de semana, es un recordatorio de que este gobierno está perdiendo la guerra en contra del narcotráfico, que ahora se puede catalogar también como terrorismo, no son simples ajustes de cuentas, atentados o sicariato, ahora vuelan casi media manzana, para lanzar una advertencia, dejando como saldo cinco personas muertas y una veintena de heridos.   

Algo parecido a lo que ocurrió con el cuartel policial de San Lorenzo, pero en pleno puerto principal de los ecuatorianos, esta es una medida de lo desatada que se encuentra la delincuencia en el país y especialmente en la ciudad de Guayaquil donde se registra el mayor número de muertes por sicariato en el territorio nacional. 

Al parecer la batalla está perdida, ya ni siquiera sabemos qué número de estado de excepción es el que dicta el gobierno en dicha ciudad, sin embargo, de muy poco o nada han servido la medida para detener la creciente ola de delincuencia, que no da tregua. 

Si recordamos, el gobierno inclusive fue a Israel a pedir asesoramiento para fortalecer este combate, pero por lo que se ve, aún no se logra plantear una estrategia clara contra esta guerra en escalada. 

Sin duda que muchos temas impiden la gobernabilidad de este país, si el Presidente no busca el mecanismo para terminar con tanta traba y oposición, que impiden enrumbar a la Nación en un camino de trabajo y progreso, difícilmente se podrá cambiar el estado de cosas.