Desde el inicio de la pandemia la escolaridad de los educandos ha sido un verdadero problema. La obligatoriedad de la educación virtual marcó a la población estudiantil por casi dos años, con las consecuentes secuelas tales como déficit en el aprendizaje, abandono escolar, ausentismo, problemas psicológicos y sociales.
Cuando parecía que las cosas volvían  a la normalidad se anunciaba nuevos cierres de establecimientos educativos por los rebrotes de COVID que no han faltado y finalmente cuando los estudiantes se encontraban en presentación de proyectos para el cierre del año escolar se realiza un Paro Nacional que les obliga a ausentarse, trastocando todo su proceso educativo y emocional.
Por estas circunstancias  estas vacaciones escolares, no tienen la misma connotación de tiempos atrás, pudimos conocer de primera mano que muchos niños y adolescentes extrañan la compañía de sus compañeros y se sienten confundidos ante tanta irregularidad.
Son tiempos difíciles considerando que la falta de empleo es un fantasma que ronda a las familias; por tanto invertir en cursos vacacionales es complicado; sin embargo varias instituciones han tomado la posta para brindar este servicio a una niñez y juventud tan necesitadas de actividades de aprendizaje y motivacionales, donde se pueda sacar provecho de las destrezas, aficiones y gustos, una vía fundamental para garantizar el sano esparcimiento de los menores durante este tiempo de descanso.